sábado, 19 de julio de 2014

Del Cardal, gato de Alfredo Zitarrosa

Estampilla conmemorativa de la Capilla del Cristo del Cordón
El combate del Santo Cristo del Cordón o Combate del Cardal, librado el 20 de enero de 1807, fue un enfrentamiento entre las fuerzas patriotas y las tropas inglesas en ocasión de iniciarse el sitio de Montevideo de 1807, durante la segunda invasión inglesa al Río de la Plata. Los patriotas se batieron bajo la mirada del Santo Cristo que estaba allí desde 1795.
El valor de los patriotas no alcanzó en esa oportunidad para derrotar al invasor y la victoria del inglés, sobre fuerzas inferiores en número, armamento y entrenamiento, le permitió consolidar el sitio y asegurar en corto tiempo la caída de la plaza.
Este combate, olvidado durante mucho tiempo, tiene un gato cuya autoria es del oriental Alfredo Zitarrosa. 

En el video, publicado por la Gaceta Federal, podrán ver que se ha tomado una foto de mis figuras de ingleses que aparece en este blog. Me alegra mucho que lo hayan hecho ya que la página de la Gaceta Federal ha sido mas de una vez fuente para los artículos de Invasiones Inglesas.
También se pueden ver los cañones de los Blandengues de Barragán servidos por jovenes brazos y corazones bien criollos.
Espero algún día poder hacer el escenario, mientras tanto acá va el gatito cantado por el mismo Zitarrosa.
Fuentes:
http://www.correo.com.uy/index.asp?codpag=detProd&smen=filatelia&idp=680&s=1
Las invasiones inglesas del Río de la Plata(1806-1807), Roberts, Carlos, Emecé Editores, 2000 

jueves, 17 de julio de 2014

Blandengues de Barragán

He encontrado el sitio web de esta agrupación de recreación histórica que me ha parecido magnífica, no tanto por la dedicación y el empeño que ponen en la confección de los uniformes y del equipo, lo cual se puede apreciar en las fotos, sino por la razones por las que justifican la existencia de la agrupación. Pero dejemos que sean ellos mismos los que se presenten:


Sección montada 
Banda militar formada por niños y jóvenes de 7 a 18 años


Sección de Fusileros
¡los cañones!
Esta es la dirección del sitio web de los Blandengues de Barragán:
Una Agrupación verdaderamente patriótica, cuya mera existencia nos reconforta y nos recuerda amablemente los valores que impulsaron los orígenes de nuestra Patria.

lunes, 7 de julio de 2014

La Defensa de Buenos Aires 5 al 7 de julio de 1807

Los ingleses ingresan confiadamente por las calles de Buenos Aires
¿Quién recuerda hoy la gran victoria obtenida sobre el invasor inglés? El 7 de julio de 1807 el General Whitelocke se rendía ante don Santiago de Liniers, derrotado por el valor de un pueblo en armas. En estos tiempos de humillación para nuestra Patria tal vez el recuerdo de aquellos tiempos heroicos nos reconforte para seguir resistiendo y no cejar en nuestro amor a esta tierra tan castigada. Acá va una breve reseña de la Defensa de Buenos Aires. Hacia fines de junio de 1807 las tropas británicas al mando de John Whitelocke se dirigieron a la banda occidental del Río de la Plata y tras desembarcar el 28 en Ensenada de Barragán iniciaron el avance sobre la ciudad, hostigados por el paisanaje y los Húsares de Nuñez enviados a tal efecto.

La vanguardia británica marchaba al mando del mayor general Lewison Gower con dos brigadas al mando de los generales Robert Craufurd y William Lumley, el centro estaba al mando directo del general Whitelocke y de Samuel Auchmuty y la reserva al mando del teniente coronel Thomas Mahon, con diez cañones de tren volante y un obús.
La marcha de la vanguardia se hizo sin inconvenientes dado que las fuerzas ligeras al mando de Martín Rodríguez, que debían hostilizarlas, se habían incorporado a las tropas de Santiago Liniers creyendo que el ejército inglés marcharía sobre Barracas.
Así, las tres columnas británicas marcharon completamente separadas, sin que Liniers lo supiese ni pudiera obstaculizar su avance, y sin más dificultades que las propias del terreno pantanoso y los numerosos arroyos a vadear, la falta de caballada y las fallas en el aprovisionamiento de las tropas. All llegar al Riachuelo de los Navíos, los ingleses no aceptaron la batalla campal que se les ofrecía frente al puente de Gálvez y lo cruzaron por dos vados que se encontraban aguas arriba.
Mapa de Buenos Ayres en 1807 con indicación del Combate de los Corrales de Miserere
Una de las divisiones, al mando del mismo Liniers, marchó a interceptarlos y se encontró con el enemigo ya apostado en los corrales de Miserere, era la brigada de la vanguardia comandada por Craufurd que logró desbaratar el ataque de los hombres de Liniers quienes luego de una breve resistencia se retiraron en dos direcciones: el ala derecha con Velasco y Liniers hacia la Chacarita siguiendo la actual Avenida Corrientes y otra, el ala izquierda, directamente hacia el centro de la ciudad (por las actuales Larrea, Alberti y Avenida Rivadavia). 
Craufurd, aunque ya obscurecía, trató de iniciar una persecución y logró alcanzar la actual calle Callao, donde empezaban las casas. Pero al llegar la noche ya era cerrada, la prudencia prevaleció y recibió órdenes de Gower, transmitidas por el capitán John Squires, comandante de ingenieros de la expedición, de retroceder a la línea de los corrales. La resistencia de los patriotas había dado sus frutos, la ciudad no fue atacada ese día y pudo preparar su defensa.
Whitelocke decidió esperar, sus tropas habían marchado un día entero sin vivaquear luego de dos días de ser hostigados por paisanos y Húsares que los mantuvieron en permanente zozobra y les impidieron recoger hacienda  para carnear, por lo cual debían descansar y comer para reponerse.  Para eso carnearon vacunos robados en los Corrales de Miserere y saquearon las casas de la periferia en busca de harina, galletas y sobre todo valores y licor. Entre otras fue asaltada la casa de la familia Lorea y muertos sus integrantes que resistieron a los ingleses, hoy una plaza recuerda el heroísmo de don Isidro Lorea y  la bárbara acción de los invasores. La quinta del yanqui Pio White, quien dio todo su apoyo a Whitelocke, fue usada como cuartel general.
Álzaga organiza la defensa durante la noche del 3 al 4 de julio
Por su parte el alcalde de Buenos Aires, Martín de Álzaga, siguiendo el bien calculado plan del Ing. Doblas, ordenó levantar barricadas con tercios de yerba y cavar trincheras en las diferentes calles de la ciudad por las que el enemigo podría ingresar. Reunió todo tipo de armamento y en la noche continuó los trabajos en las calles bajo la luz de miles de velas. De a poco los soldados de la División de Elío, que se había retirado de Miserere sin entrar en combate, se presentaron para combatir y reorganizadas las unidades se distribuyeron en sus puestos, así se infundieron nuevos ánimos a los defensores. Pero fue el regreso de Liniers, al frente de la División Velazco, que trajo la plena confianza en la victoria.
Santiago Antonio María de Liniers y Bremond
El héroe del pueblo de Buenos Aires dio su aprobación al plan de Doblas y, mostrando su corazón noble y heroico,  proclamó: "Si llegamos a vencer, como lo espero, a los enemigos de nuestra patria, acordaos soldados que los vínculos de la nación española son de reñir con intrepidez, como triunfar con humanidad: el enemigo vencido es nuestro hermano, y la religión y la generosidad de todo buen español le hace como tan natural estos principios que tendrán rubor de encarecerlos".
En la mañana del 5 de julio, confiado de la superioridad de su ejército, Whitelocke dio la orden de ingresar a la ciudad en 12 columnas, que se dirigirían separadamente hacia el Fuerte y Retiro por distintas calles. Llevaban orden de no disparar sus armas hasta llegar a la Plaza de la Victoria a fin de no demorar su marcha hasta llegar a los objetivos previstos en el plan.
La defensa se había organizado en un dispositivo interior, alrededor de la Plaza Mayor, con tropas en las azoteas de las casas altas que daban a la plaza; luego, otro exterior, con una línea de cantones, aproximadamente en un radio de tres manzanas alrededor de la plaza, para debilitar el paso del enemigo, más que el de imposibilitar su paso, defensa que corría entre Sarmiento, Suipacha, Tacuarí y Belgrano. Las iglesias no fueron ocupadas, sino que se armaron cantones frente a los templos, para atacar a los enemigos que intentaran ocupar esos edificios.  Finalmente, hacia las afueras de la ciudad, había una línea de puestos avanzados para avisar del avance de las columnas enemigas.
Una vez adentrados en la ciudad, cuando ya no era posible retroceder, comenzó el fuego
Vista de uno de las barricadas defendidas por los Artilleros de la Unión
La distribución de las tropas era irregular, los Miñones fueron desplegados en los puestos avanzados y estuvieron tiroteándose permanentemente con las avanzadas inglesas.  Los tres batallones de Patricios fueron distribuidos en el centro y las alas del dispositivo.  Los Gallegos en el Retiro junto a los Patricios, Castas y el Real Cuerpo de Marina;  los Andaluces frente a San Miguel; los Cántabros de la Amistad y los Montañeses, frente a Santo Domingo; los Arribeños y los Cazadores Correntinos en La Merced;  los artilleros de la Unión sirvieron las piezas del Fuerte, las de los cantones que bloqueaban las calles y las del Retiro apoyados por las Castas de Artillería.
Los escuadrones de caballería, que no se habían desmontado, se desplegaron cerca de la Alameda para cargar sobre las columnas enemigas que hubieran podido llegar hasta la playa del Río de la Plata.
De acuerdo con la orden del Comando para el 5 de julio, las tropas inglesas se fraccionaron en tres grupos de ataque, subdivididos en columnas:
Ala Izquierda: Brigadier Achmuty con los regimientos Nº 38, Nº 87 y Nº5, en cinco columnas sobre la Plaza de Toros y puntos adyacentes;
Centro: regimientos Nº 36 y Nº 88, fraccionados en mitades, avanzarían en cuatro columnas paralelas por las calles comprendidas entre la Plaza de Toros y la Plaza Mayor, hasta llegar a las manzanas de casas próximas al río que deberían ocupar. Los Dragones y Carabineros fueron desmontados y avanzaron  por las calles de la derecha de estos regimientos.
Ala Derecha: Batallón Ligero (formado por las compañías de Cazadores de todos los regimientos y por una del Nº 71) y el Regimiento Nº 95, los famosos Rifles, en dos columnas, Craufurd y Pack, por las calles del sur de la Plaza Mayor y próximas a ésta. Más a la derecha, el Regimiento Nº 45 en dos columnas que tenía como objetivo ocupar la Residencia.
Con excepción del Ala Izquierda, los demás grupos no tenían un Comando Superior, dependiendo cada columna del propio. A un tiro de cañón del centro a las seis de la mañana, se inició el avance simultáneo.

Como se ha dicho, la Plaza Mayor había sido convertida en el núcleo de la resistencia. Se emplazaron cañones en las ocho entradas de la misma y fueron abiertas trincheras a una cuadra de distancia de la plaza, en las ocho calles que a ella convergían. Las azoteas de las casas colindantes se ocuparon con infantería; los vecinos no alistados y hasta las mujeres cooperaban con la defensa desde las azoteas de sus casas con provisión de piedras sacadas del empedrado, granadas de mano y otros proyectiles arrojadizos (hasta “recipientes con fuego”, afirmaría Whitelocke). 

Los ingleses se lanzan al ataque sobre las barricadas mientras sufren el fuego desde las alturas
Los ingleses no pueden sobrepasar los cantones
A las seis de la mañana del 5 de julio, hecha la señal convenida, Achmuty avanzó sobre la Plaza de Toros, detenidas sus fuerzas por el fuego de los que la defendían, una parte de aquéllas, mediante un rodeo, cayeron sobre El Retiro y se apoderan del punto. Quedaba así la Plaza de Toros entre dos fuegos y, sus defensores que ya habían tenido 263 hombres fuera de combate y que habían agotado sus municiones, juzgaron imposible continuar la resistencia e intentaron una salida a la bayoneta, algunos lograron llegar a las propias líneas pero muchos fueron rodeados y debieron rendirse al enemigo.
En el Ala Izquierda los regimientos Nº 87 y Nº5, también de la Brigada Achmuty y cuyos caminos de avance eran los más próximos a la Plaza de Toros, alcanzaron la ribera y fueron después a reunirse en dicha plaza con el Regimiento Nº 38, que ya la había ocupado.
Los Arribeños combaten contra el Regimiento Nº 88 junto a los muros de La Merced


Los Cazadores Correntinos junto a los Arribeños defienden el cantón de La Merced
En cambio, en el grupo central los regimientos Nº 36 y Nº 88, Brigada Lumley, hallaron una resistencia tenaz, siendo diezmado el primero y obligado a rendirse el segundo. Una columna de 1.000 hombres de Dragones y Carabineros, partiendo de la Plaza Lorea y luego de cuatro cuadras bajo fuego, se encontró con los Patricios, Andaluces y Gallegos, siendo rechazados con grandes pérdidas. La mandaba el Coronel Kington que mortalmente herido, junto con su segundo el Capitán Burrel, fueron abandonados en el momento de la derrota siendo rescatados por sus vencedores. Kington, al tiempo de expirar, dispuso que su cadáver fuese sepultado en el cuartel de Patricios “...para dormir el sueño eterno bajo la salvaguardia de los valientes que lo habían vencido”.
Vista de una sección de Arribeños haciendo fuego desde una terraza 
El  Regimiento Nº88 se desangra frente a los cantones de los Arribeños y de los Cazadores Correntinos
El combate alcanza su máxima intensidad, pronto los infantes del Regimiento Nº88  
ya no podrán seguir y deberán rendirse.
En el Ala Derecha las columnas de Craufurd y Pack lograron llegar hasta el río, pero cuando quisieron doblar hacia el Fuerte, se hallaron en gravísimo riesgo.  Atacadas desde todas las direcciones y acorraladas en un espacio cada vez más pequeño, se guarecieron en el convento de Santo Domingo y casas cercanas, pretendiendo continuar la resistencia. Pero hostigadas por tropas que acudían incesantemente, y batidas también por los cañones del Fuerte, debieron rendirse a discreción. El Tcnl Enrique Cadogan con su tropa fue uno de ellos. Este bravo jefe británico se preguntó con admiración después de rendido: “...¿Qué tropa es esa de escudo en el brazo, tan valiente y tan generosa?…”, aludiendo a los escudos con que los Patricios se adornaban. Recordaba que ellos fueron los primeros en trasladar los heridos enemigos a sus cuarteles y auxiliarlos. El Regimiento Nº45 tuvo mejor suerte, pues se apoderó de la Residencia sin mucho esfuerzo y pudo sostenerse allí hasta la rendición de Whitelocke.

Los ingleses nunca alcanzaron el perímetro interno, fueron detenidos en la primera línea de defensa por el fuego permanente desde las casas y cantones así como por las desinteligencias entre los comandantes británicos. Según cuenta el general inglés G. E. Miles, los vecinos arrojaron sobre las cabezas de los soldados del Regimiento de infantería N°88, piedras y líquidos hirviendo, que bien pudieron haber sido agua, o grasa vacuna derretida. Estos son otros testimonios de jefes ingleses:
Avancé con los rifleros hasta el costado oeste del edificio del Colegio de los Jesuitas, sin sufrir pérdidas considerables, cuando, al adelantar el cañón liviano para abrir una brecha en la entrada principal del edificio, el enemigo apareció de repente en gran número en algunas ventanas, en la azotea de aquel edificio y desde las barracas del lado opuesto de la calle y desde el extremo de la misma. En un momento, la totalidad de la compañía de vanguardia de mi columna, y algunos artilleros y caballos fueron muertos o heridos. -Teniente coronel Henry Cadogan
Antes de que me hubiese escasamente aproximado a la Iglesia de San Francisco, ya había perdido bajo el fuego de un enemigo invisible, y ciertamente inatacable para nosotros, los oficiales y la casi totalidad de los hombres que componían la fracción de vanguardia, formada por voluntarios de distintas compañías, los oficiales y casi la mitad de la compañía siguiente, y así en proporción en las otras compañías que componían mi columna.-Teniente coronel Dennis Pack

No bien alcanzamos la entrada de la iglesia de San Miguel, el enemigo comenzó un terrible fuego desde las casas opuestas. Habiendo perdido unos treinta hombres en esta entrada, y comprendiendo que era imposible forzar las puertas de la iglesia con las herramientas que me habían entregado, juzgué prudente desistir y penetrar más en la ciudad esperando encontrar una posición más ventajosa. Al abandonar la entrada de la iglesia fuimos castigados con un fuego continuado. Después penetré en la ciudad hasta que juzgué que me hallaba cerca de la fortaleza. Viendo que había perdido tanta gente en la calle, que los cuatro oficiales de granaderos estaban heridos, que el mayor, el ayudante y el cirujano auxiliar habían sido muertos, y que había perdido, entre muertos y heridos, de ochenta a cien soldados de mi débil columna, doblé a la izquierda y busqué refugio ocupando tres casas.-Teniente coronel Alexander Duf


Terminaba así la jornada del 5 de julio. Los atacantes sólo habían logrado ocupar los dos puntos extremos la Plaza de Toros y la Residencia; pero el dispositivo central había quedado inconmovible. Sus pérdidas en el ataque fueron considerables, pues ascendían a unos 2.500 hombres entre muertos y prisioneros. Los defensores, a su vez, habían pagado caro su triunfo: además de unos 800 prisioneros tomados por los ingleses en la Plaza de Toros y en la Residencia, sus bajas fueron 302 muertos, 514 heridos y 105 extraviados.
Cuando la mayoría de las columnas habían caído, Liniers exigió la rendición, Craufurd atrincherado en la iglesia de Santo Domingo, rechazó la oferta y la lucha siguió hasta pasadas las tres de la tarde. Whitelocke recibió las condiciones de la capitulación hacia las seis de la tarde ese mismo día, y respondió al otro día ofreciendo una tregua para recoger heridos, Liniers rechazó la propuesta y ordenó abrir fuego a la artillería. Luego de varias horas de combate Whitelocke solicitó el cese del fuego y el 7 de julio, el general inglés comunicó que aceptaba la capitulación propuesta por Liniers, a la cual, por exigencia de Álzaga, se le había añadido un plazo de dos meses para abandonar Montevideo.
Es el fin, el Regimiento Nº88 debe rendir sus banderas
Se intercambiaron los prisioneros, los ingleses entregaron todo su armamento y banderas y se retiraron de Buenos Aires. El 9 de septiembre también abandonaron la Banda  Oriental .
Fuentes
  • Las invasiones inglesas del Río de la Plata (1806-1807) y la influencia inglesa en la independencia y organización de las provincias del Río de la Plata. Roberts, Carlos (2000). Emecé.
  • Los marinos en las Invasiones Inglesas Destéfani, Laurio H. (1975). Serie B Historia Naval Argentina Nº15. Comando General de la Armada, Secretaria General Naval, Departamento de Estudios Históricos Navales.
  • Las Banderas Británicas tomadas en Buenos Aires el 5 de Julio de 1807. Por Guillermo Palombo.  http://www.granaderos.com.ar/articulos/art_banderas.htm
  • Las invasiones inglesas al Río de la Plata 1806-1807. Desde la organización territorial hasta la reconquista de Buenos Aires. Juan Bartolomé Beverina.  Buenos Aires, Círculo Militar, 2008, 3 volúmenes.
  • Editorial Universitaria del Ejército http://www.iese.edu.ar/eude/batallas.html

domingo, 15 de junio de 2014

Los Artilleros de la Unión

Esta vez logré cumplir un proyecto largamente acariciado: los Artilleros de la Unión. Fernando Amo, con su gran capacidad de modelista y pintor, me ayudó para hacerlo realidad.
Para representar a estos artilleros se han utilizado figuras existentes de artilleros a caballo ingleses pero con tantas modificaciones que finalmente resultaron ser figuras completamente nuevas y únicas en su tipo. Como fuente principal he tomado a la lámina de Dolan y luego de buscar otras interpretaciones como la de Salinas o la de J.M.Bueno, me he decidido a hacer la tropa sin la faja y que solo los oficiales la portaran. 
Oficial y soldado de los Artilleros de la Unión según Dolan
Por ahora, se han armado dos placas de artillería y un oficial que representa al  Sargento Mayor José Fornaguera, recuerdese que por entonces el grado de Sargento Mayor era un grado de oficial equivalente al actual de Mayor, la figura está mirando con un catalejo apoyado en el lomo de un caballo de un oficial ingles capturado el año anterior durante la primera invasión y que porta los arreos y la manta de su dueño anterior.
Los cañones los modifiqué yo a partir de cañones Gribauval de 8 libras de Wargames Foundry, acortando las cureñas y los tubos que también fueron afinados. De este modo se logró la apariencia de cañones españoles de 6 libras con cureñas un poco mas robustas que las francesas. En cuanto al color de las cureñas adopté en este caso el reglamentario para la época: un gris mediano.
Veamos entonces algunas fotos de estas figuras de plomo en 28 mm puestas en placas de 6cm x 8 cm acompañadas por un breve resumen de la historia de este cuerpo.
Placa con cañón de seis libras durante el proceso de carga de munición
El Cuerpo de Voluntarios Artilleros de la Unión o Cuerpo de Voluntarios Patriotas de la Unión fue una de las unidades milicianas creadas en Buenos Aires durante las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807 al virreinato del Río de la Plata.
Pocos días después de la ocupación británica de Buenos Aires ocurrida el 27 de junio de 1806, se realizó el 8 de julio una reunión en la casa del comerciante Martín de Álzaga en la que participaron el ingeniero Felipe de Sentenach, José Fornaguera y Anselmo Sáenz Valiente. En esa junta resolvieron reclutar hombres y armas para reconquistar la ciudad, planificando un Regimiento de Voluntarios Patriotas. Conspirando contra los ocupantes británicos, Álzaga logró reunir centenares de armas e instalar talleres para su reparación. Alquiló en secreto una casa que daba a la Plaza Mayor, y desde allí se cavó un túnel siguiendo el plan de Sentenach para intentar volar el fuerte de Buenos Aires, y otro para volar el cuartel de La Ranchería.
Para el reclutamiento de voluntarios fueron encargados el sargento retirado Juan Trigo y al cadete de milicias Juan Vázquez, y actuaban 4 jefes de sección, cada uno con 5 cabos de grupo, los que tenían a su mando 25 hombres cada uno, totalizando 4 secciones de 125 hombres. Alquiló también Álzaga la chacra de Perdriel donde los voluntarios se entrenaban por turnos, y donde se reunieron fuerzas de caballería reclutadas por Juan Martín de Pueyrredón. En la mañana del 1 de agosto de 1806 arribaron a Perdriel desde la ciudad de Buenos Aires 50 voluntarios conducidos por el cabo de artillería Juan Pedro Cerpa, con algunas armas y municiones recolectadas en la casa del comerciante Santos Incháurregui, y 4 carronadas al mando de Miguel Ezquiaga y de Pedro Miguel Anzóategui. Casi en simultáneo llegaron tropas del Regimiento N.º 71 Highlanders que dispersaron a los voluntarios (combate de Perdriel), siendo los conducidos por Cerpa y por Antonio Cuevas quienes sostuvieron la bandera española e hicieron frente al ataque.
Cuando el 10 de agosto de 1806 las fuerzas españolas procedentes de Montevideo al mando de Santiago de Liniers se acercaban a Buenos Aires, Sentenach, Tomás Valencia y Juan de Dios Dozo, le ofrecieron su colaboración en nombre de los 600 voluntarios que habían logrado reunir para que los admitiese como parte del ejército a su mando con la denominación de Voluntarios Patriotas de la Unión por haber entre ellos criollos y españoles, que llevarían como distintivo una cinta roja y blanca en los sombreros. Oferta que Liniers aceptó: Admito en todas sus partes la honorífica propuesta que expresa esta instancia, reservándome la ocasión más oportuna de exaltar el alto concepto que se merecen estos fieles y leales vasallos de nuestro Augusto Monarca.
El 11 de agosto de 1806 se reunieron al ejército en el Retiro. Estos voluntarios participaron al día siguiente de la reconquista de Buenos Aires a las órdenes de Felipe de Sentenach, socorriendo a los Miñones en las inmediciones de la iglesia de la Merced, desalojando a los británicos de la plazuela de la Merced. Los combates cuerpo a cuerpo se sucedieron y fueron estos voluntarios los primeros en ingresar a la Plaza Mayor por la esquina de las actuales Avenida Rivadavia y Reconquista. Finalmente acorralaron a las tropas británicas dentro del fuerte, en donde finalmente se rindieron. En la acción, el batallón de la Unión tuvo 9 muertos, entre ellos el librero Tomás Valencia y 30 heridos. Sólo en la lucha entablada en el Retiro (Plaza de Toros), resultaron heridos el teniente Santiago y Llanos y el alférez Mugía, y fueron muertos el sargento José Antonio Vargas y el soldado Silverio Gonzáles, todos pertenecientes a la Compañía de Zapadores del Cuerpo de Patriotas de la Unión.

Placa con cañon en el momento de hacer fuego
Otra vista del cañón al momento de abrir fuego
El 17 de agosto de 1806 el teniente coronel Sentenach presentó una propuesta al cabildo para que los voluntarios de su mando constituyeran un cuerpo permanente para la defensa de la ciudad,  y el 7 de octubre de 1807 el cabildo recibió un oficio de Liniers admitiendo al servicio el Cuerpo Voluntario Patriotas La Unión, con 455 hombres distribuidos en 7 compañías de artillería de 65 plazas incluyendo sargentos y cabos. El batallón quedó agregado al Real Cuerpo de Artillería, bajo dependencia de su comandante el teniente coronel Francisco Agustini.

La plana mayor tenía un comandante primero, un comandante segundo, un sargento mayor, 2 ayudantes, 2 abanderados, un capellán, un cirujano y un tambor mayor. Cada compañía tenía un capitán, un teniente, un subteniente, un sargento primero, 4 sargentos segundos, 4 cabos primeros, 4 cabos segundos, un tambor y 51 soldados.

Oficial
Sargento Mayor: José Fornaguera
Según el listado de fuerza emitido el 17 de noviembre de 1806 la jefatura estaba integrada por:
Plana mayor:
1° comandante: Felipe Sentenach
2° comandante: Gerardo Esteve y Llach
Sargento mayor: José Fornaguera
Ayudante 1°: Mateo Bernardo Giménez
Ayudante 2°: Rufo de Zorrilla
Cirujano: Salvio Gafarot
Abanderado 1°: Esteban Cires
Abanderado 2°: Bartolomé Masonis
Capellán: Florencio Ramírez
Tambor Mayor: José Burriel
1° Compañía de Zapadores:8 (5 sargentos, tambor, 8 cabos, 44 soldados)
Capitán: Juan de Dios Dozo
Teniente: Antonio Llano
Subteniente: José Mugía
2° Compañía: (5 sargentos, tambor, pífano, 8 cabos, 42 soldados)
Capitán: Miguel de Ezquiaga
Teniente: Juan Zerpa
Subteniente: Vicente Borda
3° Compañía: (5 sargentos, tambor, 7 cabos, 50 soldados)
Capitán: José Franci
Teniente: Francisco Braña
Subteniente: Juan Vitón
4° Compañía: (5 sargentos, tambor, pífano, 8 cabos, 49 soldados)
Capitán: Juan Ferrada
Teniente: Juan Fornaguera
Subteniente: Julián Cabrera
5° Compañía: (5 sargentos, tambor, pífano, 8 cabos, 50 soldados)
Capitán: Juan Ramos
Teniente: Manuel Vidal
Subteniente: Juan Macharretini
6° Compañía: (5 sargentos, tambor, pífano, 4 cabos, 44 soldados)
Capitán: Bernabé de San Martín
Teniente: Bernardo de Anzoátegui
Subteniente: Roque Laurel
7° Compañía: (5 sargentos, tambor, pífano, 8 cabos, 44 soldados)
Capitán: Saturnino Rodríguez Peña
Teniente: Francisco Reguera
Subteniente: Antonio Cruz
En el listado de fuerzas emitido por Liniers en octubre de 1806 el cuerpo figura con 395 hombres en 8 compañías y ya al mando de Esteve y Llach, pero luego incluyendo oficiales pasó a tener 486 hombres.
Durante la Segunda Invasión Inglesa en 1807 parte del batallón integró el Ejército en operaciones en la Banda Oriental del Río de la Plata comandado por Francisco Javier de Elío, con 4 cañones de a 6 libras y 2 obuses de 6 pulgadas. Participó en el combate de San Pedro (7 de junio de 1807) y en el combate de Colonia (21 al 22 de abril de 1807). En el ataque a Buenos Aires combatieron en el combate de Miserere, 2 de julio de 1807 y en el ataque a la ciudad del 5 al 7 de julio de 1807.

miércoles, 11 de junio de 2014

Fundación de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Aires

Hoy se cumplen cuatrocientos treinta y cuatro años de la fundación de la ciudad donde vivo y nadie se ha dado cuenta de ello, con ese motivo he querido hacer esta publicación y recordar a quienes nos dieron un lugar en el mundo.
En enero de 1580 don Juan de Garay comenzó los preparativos de la segunda fundación del asentamiemto que don Pedro de Mendoza levantara en 1536. Se pretendía poblar la nueva ciudad con gente de Asunción, para lo cual se promulgó un bando ofreciendo tierras y otras mercedes. Se apuntaron 200 familias guaraníes y 76 de colonos. Se llevó todo lo necesario por el río en la carabela Cristóbal Colón y dos bergantines entre otras naves menores, expedición que salió el 9 de marzo del mismo año. Además de los colonos iban 39 soldados. Una parte del convoy fue por tierra y partió un mes antes.
El domingo 29 de mayo de 1580, Juan de Garay llegó a la boca del Riachuelo. Desembarcó justo en el lugar donde años antes lo había hecho el adelantado Pedro de Mendoza e instaló un campamento; la columna que viajaba por tierra llegó un mes después. Para el miércoles 11 de junio ya se había levantado un pequeño asentamiento, algo más hacia al norte de la fundación anterior, que dio base a la nueva ciudad de Buenos Aires. Ese día se celebraron las ceremonias fundacionales. Es importante recalcar una parte del acta fundacional:
[...] yo Juan García Garay, teniente de Governador y Capitán General y Justicia mayor y alguacil mayor en todas estas provincias, por el muy Ilustre el Licenciado Juan de Torres de Vera y Aragón, del Consejo de su magestad, y su oidor en la Real Audiencia de la ciudad de la Plata en los Reynos del Pirú, Adelantado..., y en lugar del dicho señor Adelantado Juan de Torres de Vera y Aragóon... estando en este Puerto de Santa María de los Buenos Ayres, hago y fundo una ciudad... La iglesia de la cual pongo su advocación de la Santísima Trinidad... y la dicha ciudad mando que se intitule Ciudad de la Trinidad.
Escudo de la ciudad creado por Garay que actualmente campea
en el paño de la bandera de la Ciudad de Buenos Aires
El acta fundacional de la nueva urbe, llama a ésta «Ciudad de Trinidad», en recuerdo de su llegada que tuvo lugar el domingo de la Santísima Trinidad. El puerto de la misma recibió el nombre de «Santa María de los Buenos Aires». Ortiz de Zárate había denominado oficialmente a la región como «Nueva Vizcaya», en honor a su tierra natal.
Se plantó el «árbol de justicia» o símbolo de la ciudad, y tal como se acostumbraba y era obligatorio en tales casos, blandió la espada en las cuatro direcciones y dio un tajo a la tierra para señalar la posesión, y repartieron tierras entre los 65 pobladores que lo acompañaban, algunos presentes en la primera fundación. Fueron nombrados alcaldes Rodrigo Ortiz de Zárate y Gonzalo Martel de Guzmán, y se formó el cabildo con seis regidores a la vez que se asignó el escudo de armas de la nueva ciudad, cuadrado blanco con águila negra coronada, con las alas totalmente desplegadas, sosteniendo la cruz roja de Calatrava en su pata derecha. También se asignaron encomiendas. Todo ello quedó registrado en el acta del acontecimiento redactada por el escribano Pedro de Jerez y tres testigos.
Combate entre indígenas y españoles
La nueva fundación fue atacada por los indígenas, mandados por su jefe Tabobá, pero Garay fue advertido del ataque por Cristóbal de Altamirano, que estaba prisionero de aquél, lo cual sirvió para organizar una exitosa defensa.
Las armas
(A, B, C) Ballesta, cranequín y cuadrillos
Al parecer la ballesta se inventó en China, hacia el año -341, según los documentos existentes. En el año 100 de nuestra era, el griego Herón describe un dispositivo similar al que denomina gastrophetes.
Hubo que esperar hasta la Edad Media para que resurgiera el arma, apremiada por la necesidad de arcos más potentes para la guerra, capaces de perforar las corazas metálicas de la caballería.
Los modelos primitivos se tensaban apoyando el arco en el suelo y sujetándolo con los pies, mientras se tiraba hacia atrás de la cuerda con ambas manos, hasta sujetarla en una muesca o nuez. En la segunda mitad del S. XII, se agregó a las ballestas un estribo, es decir una pieza sujeta a la cureña o tablera, donde se colocaba el pie para sujetar el arco. Luego surgirían diferentes sistemas mecánicos de tensado, cuando los arcos eran demasiado poderosos como para tensarlos a mano. El cranequín o cric (B), consistía en una biela giratoria con un gancho frontal que tensaba el arco, avanzando por una guía dentada. El torno, armatoste o windlass se colocaba en la parte posterior y, al enrollar una cuerda en un eje, tensaba la cuerda del arco mediante dos ganchos. La pata de cabra o goat foot consistía en una palanca que forzaba la cuerda hacia atrás. Aunque resultaba un arma evidentemente poderosa, el alcance efectivo no era muy grande (unos 150m) y el ritmo de disparos era muy lento (2 a 4 disparos por minuto, en el mejor caso). La ballesta proyectaba normalmente dardos, virotes y cuadrillos (C) cortos de cabeza metálica piramidal, capaces de atravesar un ciervo o un hombre de lado a lado, incluso detrás de una armadura.
Pese a su potencia en los campos europeos, la ballesta tuvo poco éxito durante la Conquista de América, pues aunque era muy potente y precisa, era muy lenta de cargar y dejaba al soldado aislado e indefenso en el combate, a no ser que la usase como garrote. Por otra parte, arcabuces y ballestas quedaban inútiles luego de algunas semanas de campaña militar en terrenos húmedos: la madera se pudría, las cuerdas se estiraban y rompían y se agotaban los proyectiles. Los indígenas americanos -y en particular los Charrúas- no se sintieron impresionados por la ballesta y en el tiempo en que tardaba en recargarla, un infante español sería baja a manos de un indio lanzado a la carrera.

(D) Alabarda (Modelo Ca. 1500)
Se trata de un arma blanca enastada en un astil de madera dura, de entre 1,5 y 1,8m de longitud y que tiene en su cabeza tres elementos: (i) una punta de lanza de entre 20 y 30cm de longitud, (ii) una cuchilla transversal en forma de hacha y (iii) un punzón para enganchar y derribar jinetes, por el otro lado.
La alabarda fue introducida en Europa alrededor del año 1300 y su uso se popularizó como arma de infantería entre los mercenarios suizos, por ser un arma barata y versátil. El arma se mantuvo en uso entre los S. XIV y XVII, especialmente para enfrentar a la caballería pesada europea y revalorizando la infantería. Reforzada con anillos de acero sobre su asta, podía ser empleada para esgrima contra espadas.
La alabarda obtuvo gran fama, por lo que algunas versiones de lujo comenzaron a ser usadas por cuerpos de élite. también fue empleada como símbolo de rango por los Sargentos españoles, hasta 1787. De allí en más su uso se reservó a los Guardias del Real Cuerpo de Alabarderos, siendo sustituída en otros cuerpos por el mosquete con la bayoneta calada.
Dado que los indígenas americanos no disponían de tropas montadas y mucho menos acorazadas, el uso de la alabarda fue muy relativo, prefiriéndose la espada larga y filosa.
(E) Lanza de caballería
Además de las alabardas, los españoles utilizaban lanzas y picas; las lanzas de caballería eran más cortas y ligeras que las europeas, con un asta de fresno de unos 3 metros y la punta de acero tallada en diamante u hoja de oliva, con gran poder de penetración. En manos de un jinete acorazado, era capaz de causar estragos entre las masas de indígenas. Las picas, armas de infantería, se usaban poco y medían prácticamente lo mismo que las lanzas. El modelo ilustrado es cercano al año 1500.
(F) Espada de dos manos
Es un modelo español o alemán, de cerca de de 1,35m de longitud y cerca de 2,5kg de peso. Tiene guarda recta de tipo alemán.
Este tipo de arma, pese a su tamaño, estaba bien balanceada y permitía una esgrima rápida. Originalmente, se destinó a romper las formaciones de piqueros enemigos, pero también se usaba como maza, hacha y hasta como lanza. Hacia el S. XVI comenzó a ser desplazada por la espada ropera o estoque.
(G)- Espada de mano y media
Forjada en acero; guarda de modelo alemán, sin anillos de protección ni la más corriente forma de "S". Su longitud era cercana a 0,9m (3 pies) y su peso entre 0,8 y 1kg. Las hojas de espada forjadas en Toledo eran fuertes, flexibles, ligeras y muy afiladas.
(H)- Espada
Se trata de un modelo de mediados del S. XVI, con hoja de doble filo, guarda y pomo forjados en forma de flores de lis. Su longitud era cercana a 1,05m y su peso de 1,3kg. Tiene en su guarda un anillo de acero que brinda protección extra a la mano.
(I)- Arcabuz
El arcabuz era un arma, que medía cerca de 1,5 m y pesaba alrededor de 7 u 8 kg, no existiendo un modelo normalizado. Su calibre era grande, alcanzando a veces 2,5cm. Carecía de aparatos de puntería, haciéndose el disparo al bulto, acercando una mecha encendida sostenida por una palanca en forma de "S" o serpentín. Debía tenerse continuamente encendida la mecha, lo que hacía inútil el arma los días lluviosos o muy húmedos, como se daban en nuestro territorio. La cadencia de tiro llegaba a un disparo por minuto, cuando mucho, y el alcance no superaba los 100m.
La combinación de picas y arcabuces era temible en las batallas europeas, contra tropas acorazadas, lentas, avanzando en falanges cerradas. Las crónicas indican que el ruido, el humo y efecto del disparo de un arcabuz tuvieron fuerte efecto psicológico en México y Perú. En el Río de la Plata, eso no sucedió.
(J)- Tahalí de espada 
Se trataba de una funda de cuero sencilla.
Las armaduras

Tipos de soldados
Hidalgo
Infante con alabarda
Hidalgo, arcabucero y piquero
Fuentes: