lunes, 30 de marzo de 2015

Lllegaron los Blandengues


Finalmente, tras un año de espera, se incorporaron los Blandengues al Ejercito Virreinal. Se trata de diecisiete figuras en plomo de 28 mm. Los originales fueron modelados por Fernando Amo y tuve que hacer previamente una larga búsqueda de información y consultas sobre los uniformes de esta unidad decana en ambas márgenes del Plata.
Se ha representado un contingente de los Blandengues de Buenos Aires y uno de la Banda Oriental. Este último es reconocible por el uso de bota de potro en vez del calzado reglamentario.
La fuentes principales fueron la lámina de Louis de Beaufort y la lámina de José María Bueno, pero se han tomado en cuenta los esquemas de Daniel Pedrazzoli así como diversos dibujos y láminas.
Tuve que hacer algunos retoques y correcciones en los lazos y en las botas de potro y luego la puesta en bases y la escenificación, pero el resultado me ha dado una gran satisfacción. Acá van las fotos de estas unidades, espero que resulten del agrado de los aficionados.
Blandengue de Buenos Aires
Blandengue de Montevideo
Los Blandengues, para la época de las invasiones inglesas, estaban armados con sables, carabinas o mosquetones y unas largas lanzas confeccionadas con tacuaras, que las hacían resistentes, flexibles y livianas. Todos llevaban, como era costumbre en el campo, un lazo y lo colgaban del lado ..."del lazo", es decir del derecho.
Oficial de Blandengues
Abanderado de los Blandengues de Buenos Aires, en este caso se trata de un suboficial
Tambor de Blandengues de Montevideo
Esta es una originalidad de los Blandengues. como se trataba de una fuerza muy especial, destinada fundamentalmente a la custodia de las fronteras, podía pelear tanto a caballo como a pie y para la transmisión de las ordenes no usaban clarines, como era de esperarse, sino tambores. La disposición del tambor, no está documentada pero me ha parecido verosímil, dado que la he encontrado en otras unidades de caballería del siglo anterior.

Marqués de Sobremonte
Finalmente he transformado y  pintado una figura para representar al tan denostado Marques Rafael de Sobremonte, virrey del Rio de la Plata, que fuera reemplazado por don Santiago de Liniers. Sobremonte ha tenido muy mala prensa en Buenos Aires y en la Banda Oriental, pero en la Provincia de Córdoba se lo recuerda como un gran administrador.
El Marqués, rechazado en Buenos Aires, cruzó a la Banda Oriental al frente de una fuerza de mas de dos mil jinetes formada por Voluntarios de Caballería de Córdoba, del Paraguay y por Blandengues solo para ser rechazado también, muy respetuosamente, en Montevideo por lo cual no asumió el mando general de las fuerzas del virreinato y cuando llegó el momento no supo enfrentar la invasión sobre la Banda Oriental, aunque unos años antes el mismo, junto con Liniers, habían dirigido ejercicios previendo estos acontecimientos.
Por lo que he podido averiguar, este virrey no hizo mas que dar cumplimiento a lo establecido en caso de invasión al territorio del virreinato, pero en ciertos momentos, lo establecido no alcanza y es necesaria la grandeza y una cierta dosis de heroísmo, todo lo cual Liniers disponía y en grado sumo.

domingo, 8 de marzo de 2015

Combate de San Carlos - 7 de noviembre de 1806-

¡Se vienen los ingleses!
Desde hace tiempo que quería rememorar un combate dado en la Banda Oriental, mas precisamente en la localidad de San Carlos cercana a San Fernando de Maldonado, el  7 de noviembre de 1806.
Frustrada la tentativa de Popham de tomar Montevideo, los invasores se apoderan de Maldonado con asombrosa facilidad el 20 de Octubre de 1806. Hacen allí un horroroso saqueo y durante tres días y tres noches cometen desmanes y atropellos de toda índole contra la Religión Católica, la moral, la libertad y las propiedades de los pobladores.
Antiguo mapa francés, usado por los ingleses, donde se puede apreciar la ubicación de Maldonado
Al ser informado del asalto a Maldonado, el virrey Rafael de Sobremonte, de acuerdo con Pascual Ruiz Huidobro, organizó un cuerpo de tropas al mando del teniente de fragata Agustín Abreu Orta, con el fin de combatir a los ingleses. Se sabía la escasez de víveres sentida en el campo inglés y se sospechaba que se internarían en el país en busca de ellos. En efecto, un destacamento inglés de 1.000 infantes y 200 hombres de caballería habían salido días atrás de Maldonado con rumbo al Sauce. No hallando en aquella dirección todo lo que deseaban, enderezaron sus marchas hacia el pueblo de San Carlos, al que también se encaminaban las tropas del país en cumplimiento de su misión. Estas consistían en 100 dragones, 100 voluntarios de la frontera de Córdoba, un escuadrón de voluntarios de Montevideo y 85 más capitaneados por Bernardo Suárez que se les incorporaron en el camino. El 6 de noviembre se presentó Abreu a inmediaciones de San Carlos (en la loma de Ortiz), donde el enemigo esperó el ataque poniendo su caballería a vanguardia. Abreu destrozó a ésta, y precipitándose sobre la infantería que la apoyaba, el combate se trabó a la bayoneta entre los voluntarios de a pie y los ingleses. En lo más reñido de la pelea cayó mortalmente herido Abreu y el capitán de dragones José Martínez al tomar el mando como segundo jefe, corrió igual suerte. La situación se tornaba dramática para los orientales, pero en ese momento la fuerza invasora tocó retirada y abandono el campo para ir a encerrarse dentro de la ciudad de Maldonado. En reemplazo de Abreu y Martínez fue investido con el mando de la pequeña división, el teniente coronel José Moreno, quien inmediatamente puso por obra el sitiar la plaza donde se hallaba Sir Home Riggs Popham con todas sus fuerzas. 
Este episodio de la resistencia al invasor realizado por el pueblo de San Carlos que nunca llego a caer en poder de los ingleses, no ha sido debidamente estimado por los historiadores, que hasta ahora se han referido a él nada más que para citar los hechos objetivamente y no le han dedicado el análisis y la exaltación que merece tan extraordinaria defensa y el valor de aquellos habitantes que amaban a su Fe, a su Rey y a su Patria.
Los invasores al renunciar a la toma de San Carlos, y mientras se retiraban hacia Maldonado, repitieron los atropellos cometidos allí, siendo ahora las victimas de su saña los habitantes de la zona de chacras inmediata a San Carlos. Estos datos se encuentran en la documentación de la Parroquia de San Carlos, por ejemplo, en la partida de defunción de Don Tomas Pérez, muerto durante la incursión inglesa, el P. Amenedo, Cura Párroco, detalla que “los ingleses eran más de 800 con dos cañones de tren rodante” por lo cual si se ordenaran y consultaran los documentos parroquiales así como el detallado informe llevado día por día por el Padre Amenedo, podría hacerse la historia completa de esta defensa ejemplarizante. 
El bravo Abreu sale al frente de las milicias y de pobladores de San Carlos a enfrentar a los ingleses

El juego: 
Los virreinales disponen de los Voluntarios de Córdoba y los Voluntarios de Montevideo, milicias a pie y algunos pobladores de San Carlos. Los ingleses disponen de un batallón de infantería de 600 hombres, un escuadrón del 9th Ligths Dragoons y una batería de 6 libras de la Royal Horse Artillery. 
El modelado se realizó con las reglas napoleónicas que se utilizan habitualmente y en la mesa se trató de reproducir lo mejor posible el terreno donde tuvo lugar el combate. Las unidades de Voluntarios de Caballería se consideraron como milicias instruidas, la columna de infantería formada por milicias y pobladores de San Carlos se consideró como tropas de segunda clase. El modelo de la RHA representó a dos cañones de 6 libras y no a tres, como establece el reglamento. Todos los británicos se consideraron como muy veteranos, pero los Dragones fueron afectados por un -2 en el D10 de combate debido a las dificultades que encontraron para gobernar los caballos del país. Al respecto es interesante la opinión de quienes estuvieron en el campo, se conoce el siguiente relato: "... los Húsares Ingleses no saben manejar los caballos, comprobándose con hechos que acaecieron, y uno de ellos, que un solo Cordovés habiéndole faltado su espada por la guarnición, con sólo un rebenque revoleándolo éste, se libertó de que se le acercasen tres Húsares que le rodeaban; y también aseguran que los más de los sables, que no se rompían por en medio les faltaban por la espiga de la guarnición; y que si hubiesen llevado chuzas no hubiese quedado un solo Húsar con vida; por lo que se ha adoptado armar mucha gente con éstas. "
Los ingleses despliegan en la loma de Ortiz
Los ingleses desplegaron en la loma de Ortiz, frente a las afueras de San Carlos, Los dragones a la derecha enfrentando a los Voluntarios de Caballería, en el centro los cañones de la RHA y en la izquierda, formada en cuadro, estaba la infantería.  Los Voluntarios de Caballería desplegaron sobre la marcha mientras la columna de infantería apresuraba el paso para cortar distancias con el enemigo.
Los cañones ingleses abren fuego sobre los orientales
Abreu se lanzó a la carga sobre los dragones ingleses. El jefe de la columna de milicias de infantería y de pobladores de San Carlos trató de formar una línea con su gente y logro hacerlo aunque quedaron parcialmente desorganizados . 
Antes de chocar las caballerías, el cuadro inglés pudo hacer una descarga sobre los jinetes orientales pero no se detuvo la carga y se produjo el choque. Los Voluntarios de Caballería lograron hacer retroceder a los dragones ingleses.
¡Chocan las caballerías!

Los Voluntarios de Caballería logran hacer retroceder a los dragones ingleses
Mientras los Voluntarios triunfaban sobre los Dragones, la infantería oriental lograba hacer fuego sobre el cuadro inglés que sufrió algunas bajas. El resultado final fue, para mi sorpresa, el histórico, pues yo pensaba que ganarían los ingleses fácilmente, pero la derrota de los dragones ingleses precipitó la situación y la artillería se retiró siendo seguida inmediatamente por la infantería que había sufrido unas pocas bajas.
Ante la derrota de los dragones, la artillería inglesa se retira seguida por la  infantería .
¡se retiran los ingleses!
Los pobladores suben a la loma que antes ocupaban los ingleses ¡que viva el Rey Católico!
Fuentes
Las invasiones inglesas del Río de la Plata (1806-1807) Autor Carlos Roberts Editorial Emece
Artículo de Alberto Moroy: http://viajes.elpais.com.uy/2012/12/07/san-carlos-heroica-y-desconocida/

miércoles, 4 de marzo de 2015

Guapo Cunumí

Combate de Tacuarí- 9 de marzo de 1811
El 27 de julio de 1810 el gobierno de Buenos Aires recibió un oficio firmado por el gobernador del Paraguay, Bernardo Luis de Velazco, donde comunicaba su desconocimiento de la Junta y su acatamiento al Consejo de Regencia de España. El gobierno porteño reaccionó resolviéndose a enviar al Guayrá una expedición militar, la que fue puesta a las órdenes del general Manuel Belgrano con la misión de tornar la provincia a la obediencia.
Luego de varios combates desfavorables a la fuerzas de Belgrano, el 9 de marzo de 1811, las fuerzas de Velazco, lo atacaron en Tacuarí desde tres direcciones diferentes.
A una intimación de rendición Belgrano contestó hidalgamente que “las armas del Rey no se rinden en vuestras manos, dígale Ud. a su Jefe que avance a quitarlas cuando guste”
Los paraguayos que se habían detenido en su movimiento y permanecían en los lugares alcanzados a la espera del regreso del parlamentario, en cuanto tomaron conocimiento de la arrogante y digna respuesta reiniciaron el movimiento hacia las fuerzas patriotas.
Rápidamente el Gral. Belgrano ordenó un contraataque que por lo inesperado y sorpresivo llenó de entusiasmo el espíritu de los soldados.  La infantería y la caballería marchaban guiadas por el capitán Pedro Ibáñez, quien marchaba al frente.  Al entrar al alcance de las armas de infantería, Belgrano ordenó a Ibáñez que atacase con su infantería.  Los infantes eran “dignos de recibir aquella orden”, de inmediato empezaron a ejecutar un fuego nutrido, el que, haciendo primero clarear las filas paraguayas, determinó luego que éstas se dispersen escondiéndose en el monte, y abandonando sus cañones.
Así terminó la acción de Tacuarí y con ella la campaña de Paraguay.  Si bien como Belgrano escribiese a la Junta, no había logrado “conquistar” al Guayrá rebelde, había salvado el honor de nuestras armas pese a las derrotas, como así también conseguido parcialmente, en negociaciones posteriores a Tacuarí, el objetivo político que se buscaba con la Campaña del Paraguay.
Esta polca recuerda a Pedro Ríos un joven de 12 años, que fue aceptado en el ejército para acompañar al Comandante Celestino Vidal que tenía disminuida la visión y oficiar de tambor de órdenes.
Durante el combate de Tacuarí, Pedro entrego su vida por la Patria dejando un ejemplo de la bravura y generosidad de los correntinos a todos los argentinos.

Guapo Cunumí - polca
Letra: Nélida Zenón - Música: Luis Ferreyra

Es la historia que te nombra
tapecito correntino
que batías en el parche
del tambor de Tacuarí...
Y las voces de mi río
se entrelazan cristalinas
cuando juntas forman coro
por cantarte en guaraní.
 Yo me inclino ante tu frente
que ceñida de laureles
vivirá como estandarte
en la heroica Taragüí.
Y tu raza de valientes
quedará siempre grabada
en redobles inmortales
del tambor de Tacuarí.
En el Litoral estás en la luz
del canto inmortal,
en la estela blanca de mi Paraná.
El viejo acordeón que suena a clarín
te irá repitiendo
guapo cunumí, nunca morirás
raza guaraní.
La polca deriva directamente del minueto, con una introducción que prepara la entrada del tema y una coda que sirve de final a la obra, se toca con tuba, contrabajo, clarinete, acordeón y algunos con tambores. En compás de 2/4 (dos por cuatro) y tempo rápido, se baila con pasos laterales del tipo "paso", "cierra", paso, "salto" y evoluciones rápidas, motivo por el que se hizo muy popular en Europa y América. En la Argentina existen 3 variedades de polca: la polca que se toca en el centro de país, la polca correntina y la polquita rural (del Litoral argentino).
Este tema es una polca correntina, más lenta que la polca original que en el siglo XIX se tocaba con arpa pero ya a principios del siglo XX esta fue sustituida casi completamente por el acordeón. Es similar al chamamé, aunque este último es un poco más lento y cadencioso.
Monumento a Pedro Ríos, el Tambor de Tacuarí, se encuentra
en la plaza Juan Manuel de Rosas de la ciudad de La Plata

Palabras en guarani usadas en esta polca:
Cunumí: en guaraní quiere decir niño, aunque literalmente seria "pequeña ternura"
Tapecito: diminutivo de tape, persona que conserva los rasgos de los guaraníes que habitaban la reducción jesuítica de Santo Tomé Apóstol en las Misiones.
Tapa de un viejo cuaderno escolar
Cuando yo era chico todos usábamos este cuaderno, y por supuesto conocíamos muy bien la historia del Tamborcito de Tacuarí, hoy mi hijo menor que termina la escuela primaria y el del medio que termina la secundaria, jamás han oído nada ni tienen idea de "que es eso", así me lo acaban de decir.

viernes, 13 de febrero de 2015

Una película sorprendente


He visto Eien no 0 (El Zero Eterno), una película que cuenta la historia de dos jóvenes hermanos que empiezan a buscar información sobre su abuelo que murió durante la Segunda Guerra Mundial. Al principio creen descubrir que su abuelo estaba aterrorizado por la muerte y obsesionado por mantener su vida. Según algunos de sus antiguos compañeros de combate fue un héroe, según otros un cobarde. Finalmente descubrirán una impactante verdad mantenida en secreto durante 60 años: el abuelo, al final de la guerra, se unió a la Unidad Especial de Ataque. 
La Unidad Especial de Ataque Shinpū tokubetsu kōgeki tai (神風特別攻撃隊) fue una unidad perteneciente a la Armada Imperial Japonesa utilizada contra embarcaciones de la flota de los Aliados a finales de la Segunda Guerra Mundial para detener su avance en el océano Pacífico y evitar que llegasen a las costas japonesas. Con esta finalidad, aviones cargados con bombas de 250 kilogramos impactaban deliberadamente contra sus objetivos con el afán de hundirlos o averiarlos tan gravemente que no pudieran regresar a la batalla. Los norteamericanos llamaron Kamikaze a los ataques realizados por esta unidad pero en Japón no se utiliza este termino para esto.
En esta producción japonesa se puede apreciar al famoso Zero, un avión de caza invencible en los primeros años de la guerra. La película no carece de interés para los aficionados a la historia militar pues hace un buen repaso general de la evolución de la guerra en el Pacífico, también se muestran aspectos técnicos como las características de algunos de los diferentes modelos del Zero o la sorpresa de los pilotos japoneses al descubrir el grueso blindaje que protegía a los aviones norteamericanos frente a la escasa protección de los propios.
A6M5 Tipo 0 Modelo 52 conservado en el Santuario Imperial Yasukuni de Tokio.
Esta película me ha parecido muy buena, aunque no tanto por sus valores de reconstrucción histórica, ni por sus efectos especiales pues, aunque se pueden ver espectaculares batallas aéreas y ataques a buques, no son de lo mejor que se ha visto.
La importancia de este film es su profundo contenido y su mensaje (políticamente incorrecto) que apunta a la indiferencia y al olvido de las virtudes del patriotismo, la abnegación y el amor a la familia. 
El tema central es el amor del protagonista hacia su familia que lo llevaba a extremar su eficiencia en el campo de batalla, entrenándose físicamente cada noche, preocupándose por cuidar su avión al extremo y desarrollando constantemente nuevas tácticas que le permitieran sorprender al enemigo y sobrevivir en los caóticos combates aéreos. Así sus victorias y su invulnerabilidad provocaron el asombro envidioso en algunos de sus camaradas que lo tildaron de cobarde por su constante preocupación por mantenerse con vida.
En los jóvenes que iniciaron la investigación de la vida de su abuelo pude reconocer muchos rasgos de mis propios hijos. La habitación de uno de los dos jóvenes se parece mucho a la de mi hijo mayor  así como su forma de vestir y, dejando de lado la singular delicadeza y formalidad niponas, sus maneras son casi las mismas. Hay una escena en la que el joven se encuentra en un lindo  restaurante para cenar con amigos y surge un dialogo en el que uno compara a los miembros de la Unidad Especial de Ataque con los modernos terroristas suicidas, allí el protagonista finalmente asume la defensa de su abuelo y rescata la memoria del sacrificio realizado por esos héroes que no buscaban la muerte sino que entregaban la vida en holocausto para que sus familias y su Patria sobrevivieran. Notese que los ataques de la Unidad Especial de Ataque se verificaban exclusivamente contra blancos militares que amenazaban directamente el territorio japones y no sobre civiles inocentes .
Finalmente me atrevo a sugerir a todos los aficionados a que vean la película, que he recomendado vivamente a mis hijos, para que puedan apreciar una visión de la vida diferente de la prosaica y egoísta que hoy nos imponen por todos los medios.
Y digo esto sin olvidar que alguna vez leí en alguna parte: “la guerra es un buen negocio, invierta un hijo”…

Enlace: http://www.peliculasflv.co/2014/12/eternal-zero-2013-online.html#     opcion 2

miércoles, 4 de febrero de 2015

Falleció Bernard

Recién hoy he recibido la triste noticia que, en mayo del año pasado en París, falleció nuestro queridisimo amigo Bernard Fuchs.
Todos los que tuvimos la buena suerte de conocerlo no olvidaremos su gentileza, su serena alegría y su entusiasmo por este pasatiempo de los juegos de guerra que compartió con nosotros apasionadamente. Bernard supo integrarse  a unos tipos tan raros como nosotros y rápidamente fue uno mas. Siempre recuerdo una oportunidad en que se encontraban Bernard y Francisco jugando del bando francés y se pusieron a discutir sus planes...¡en francés! alguien enseguida se quejó diciendo - Árbitro ¿por qué los franceses hablan en francés? - todos reímos con la ocurrente pregunta pero después Bernard me contó que ya no quería volver a hablar en francés por respeto al resto. Era un caballero que llevaba su gentileza a ese extremo.
Bernard tenia una nutrida colección de soldaditos napoleónicos que le costo muchísimo traer a la Argentina donde pensaba arraigarse y pudo jugar con ella una memorable tarde en los campos de Malojaroslavetz, posteriormente nos volvimos a reunir en su amplio departamento en una nueva dependencia que mando a construir de generosas dimensiones. Fue una jornada memorable que termino bien tarde y a la que concurrimos muchos de sus amigos. 
Una pequeña muestra de la colección de Bernard
Fui a su casa y vino a la mía muchas veces, no siempre a jugar, pero siempre fue un gusto compartir una tarde de conversación sobre soldados y batallas, aunque también me mostraba sus cuadros y sus manualidades de manufactura impecable. Bernard fue un artista notable.
Rayas de colores por Bernard Fuchs
También Bernard fue un avezado bailarín de tango por eso nuestras conversaciones muchas veces derivaban sobre todos esos temas que lo apasionaban tanto como los soldaditos.
Flor en la terraza de Bernard
Yo lo voy a extrañar mucho, es otra herida que no va a cerrar.

jueves, 29 de enero de 2015

La artillera- zamba

Un cañón Oto Melara de 105 mm abre fuego sobre los ingleses .
La artillería argentina ha estado presente en los campos de batalla desde las invasiones inglesas en 1806-1807 hasta la Guerra de las Malvinas en 1982, hay una zamba que se escuchó en los helados paramos de las islas, que aun ocupa el invasor ingles, que se llama "La Cuartelera", fue cantada por las jóvenes voces de los artilleros que pronto deberían servir las piezas en los épicos combates contra las aguerridas tropas de Su Majestad Británica.
Cañón antiaéreo Oerlikon-Contraves en Malvinas
La zamba es una danza folclórica que se baila en la Argentina y que deriva de una danza peruana que diera origen a la zamacueca. Es la danza con trayectoria histórica más documentada, y la más discutida con respecto al origen de su denominación y procedencia. Fue muy popular en Chile entre los años 1812-1813, denominándosela "chilena" en las provincias de Salta y Jujuy, designación que se popularizó hasta en el Perú, donde hoy lleva el nombre de “marinera”. La zamba, cumbre de nuestras danzas tradicionales, se conoció en la Argentina alrededor de 1815 y  reconocida con ese nombre en las provincias mediterráneas y con el de "cueca" en toda la región cordillerana.
La historia de esta zamba popularizada actualmente como "La cuartelera", es muy controvertida, hay quien la atribuye al venerable folclorista y recopilador don Andrés Chazarreta que supo hallar una vieja zamba sin letra llamada "La caspi cuchara" es decir "La cuchara de palo", pero también existen relatos sobre una zamba que ya se tocaba en los fogones de los campamentos patriotas desde los tiempos de la independencia con la misma música que "La caspi cuchara" pero con letra.
Existe una versión llamada "La cuartelera" que ha sido interpretada magistralmente por Eduardo Falú, eximio guitarrista, y el conjunto salteño Los Chalchaleros.
Eduardo Falú
Los Chalchaleros
He encontrado también otra magnifica versión, menos conocida y con otra letra, llamada "La artillera" interpretada por la gran investigadora y folclorista Leda Valladares, un mojón de argentinidad, acompañada por la dulce Maria Elena Walsh.
A la derecha Ma. Elena Walsh, a la izquierda Leda Valladares
Acá van los enlaces de estas versiones, espero que les agraden.

Version en piano de "La caspi cuchara" :https://dl.dropboxusercontent.com/u/17226400/PyF/C/Caspi%20Cuchara%20-%20Ney%20Borba%20-%20Piano.mp3

Versión de Eduardo Falu y los Chalchaleros:
https://www.youtube.com/watch?v=qiKAbMEY2gA

Versión de Leda Valladares y Ma.Elena Walsh:
 https://www.youtube.com/watch?v=lApuVlTJDj4

Cañón CITEFA modelo 77 L33 (SOFMA 155 mm) operando en Malvinas

domingo, 25 de enero de 2015

Tren de artillería prusiano periodo 1914-1916


Las pinturas y los pinceles en la mesa de la cocina ¡cuanto hace que no pintaba!
Ayer sábado, pude dedicarme a pintar un tren de artillería de la marca Wargames Foundry realizado en plomo y en 28 mm. Se trata de una pieza originalmente diseñada para la coleccion de Guerra Franco Prusiana, consta de seis caballos y tres conductores, además de los dos artilleros sentados en el carrito.
Yo la he pintado para el periodo 1914-1916 de la Primera Guerra Mundial, no quede muy conforme con el resultado pero me saque el gusto de retomar los pinceles que deberé abandonar por un largo tiempo ya que mañana, lunes, me reintegro al trabajo.

Publico estas fotos para poner a consideración de los amigos del blog y los aficionados al wargame este nuevo conjuntito y espero que, algún día no lejano, pueda combatir en una mesa de juego con algunos de ustedes.


El de San Carlos- triunfo-

La vuelta del malón - oleo de Ángel Della Valle
El triunfo es una danza folclórica argentina, particularmente de la provincia de Buenos Aires y es una expresión de serena y varonil alegría por una victoria militar. Surgió durante las guerras de la independencia (1810-1824). Junto con la huella, la cifra, el estilo y la milonga, conforma el folclore surero, es decir, el propio del sur de la Provincia de Buenos Aires.
Uno de los triunfos más antiguos recopilados dice:
Este es el triunfo, niña
de los patriotas,
que diga de los patriotas
huían los realistas
como gaviotas
que diga como gaviotas.
Sus estrofas suelen comenzar con la frase "este es el triunfo..."
Cada estrofa está formada por un verso de siete y uno de cinco sílabas, forma denominada copla "de seguidilla" o "de pie quebrado", repitiéndose el segundo verso, a veces con el agregado de una o dos palabras antes de esta repetición ("que diga", "la pucha", "ahijuna", etc.).
Este es el triunfo niña 
de los patricios 
que diga de los patricios.
Cada verso se cantará en 2 compases resultando una estrofa de 6 compases, forma melódica única del folclore argentino, debido a que en la mayoría de los géneros se estila el uso de frases melódicas de 4 u 8 compases.
Este triunfo llamado "El de San Carlos", perteneciente a  F. Chamorro y G. A. Villaverde ha sido magistralmente interpretado por don Alberto Merlo, cantor nacido en Santa Fe pero de alma surera.
don  Alberto Merlo
Este es el enlace:  https://www.youtube.com/watch?v=wgsooq7MaHo
Este triunfo relata muy bien la batalla de San Carlos entre los indios chilenos de Calfucura y las tropas argentinas formadas por soldados de linea y los pampas de Catriel.
La batalla que celebra este triunfo
Las tropas nacionales al mando del General Rivas formaban así: a la derecha estaban las 800 lanzas de Cipriano Catriel; en el centro un batallón del 2º de línea, 170 hombres al mando del mayor Pablo Asies y el 9º de caballería, 50 soldados a las órdenes del teniente coronel Pedro Palavecino, más la columna al mando del teniente coronel Nicolás Ocampo y la izquierda estaba formada por el batallón del 5º de infantería, al mando del teniente coronel Nicolás Levalle, compuesto por 95 hombres y un cañoncito, única pieza de artillería que entró en combate, un escuadrón del 5º de caballería de línea, 50 hombres mandados por los mayores Santos Plaza y Alejandro Etchichurry, 150 guardias nacionales de 9 de Julio conducidos por el capitán Nuñez, 14 baqueanos al mando del capitán García y 140 indios amigos, del cacique Coliqueo. A la retaguardia quedó, como reserva, una fuerza de 170 guardias nacionales de la Costa Sur y 40 indios, al mando del teniente coronel Francisco Leyría.  Los efectivos totales dispuestos a entrar en batalla eran 1.575 hombres fatigados, mal montados sobre caballos agotados por las largas marchas.
Juan Calfucurá
El gran cacique se acercaba con las fuerzas repartidas en tres alas. La derecha, formada por indios neuquinos y araucanos, un millar de lanzas al mando de su hijo Namuncurá. Al centro otros mil salineros sumados a la tribu de Pincén, conducidos por otro hijo, Catricurá, y a la izquierda otros mil indios chilenos al mando de su hermano Reuquecurá, llegado en su auxilio de más allá de los Andes. Como retaguardia y reserva, quinientas lanzas comandadas por el temible Epumer, de la dinastía de los Zorros, conductor de las tribus ranquelinas. Los indios doblaban a las fuerzas nacionales. La aproximación la hacían divididos en cinco columnas paralelas que cubrían un amplio frente, dirigiendo las maniobras al son de clarines. Mientras los mapuches se acercaban a los huincas, por atrás se deslizaban hacia el Desierto los ganados robados, apresuradamente arreados por la chusma.
Tan pronto como avistó al enemigo, Calfucurá ordenó desplegarse en el clásico semicírculo, deteniendo la marcha.

Rivas adelantó parte del centro, ordenando al teniente coronel Palavecino avanzar con sus 50 hombres apoyados por 200 indios catrieleros de la derecha, con la consiga de detener a Calfucurá y únicamente replegarse en último extremo y lentamente, al tranco. Tres kilómetros se adelantó Palavecino, comunicando que los indios se acercaban con fuerzas muy superiores. De inmediato Rivas ordenó a Catriel adelantar toda la derecha y a Ocampo avanzar con el resto del centro, sin perder un minuto. A galope tendido, levantando una pesada polvareda, salvaron la distancia, desplegados de manera impecable para cubrir los flancos de Palavecino.
Ya los indios estaban encima. Calfucurá ordenó desmontar al centro, de acuerdo a la táctica india. Las tropas también echaron pie a tierra, preparando las armas de fuego. Los indios venían andando a la carrera, en una línea que dejaba dos metros de luz entre hombre y hombre, tomando la lanza con la mano derecha atrás y la izquierda adelante, con la punta hacia el enemigo. Estallando en infernal gritería los indios se arrojaron al asalto cubriendo el aire con sus escalofriantes ¡Ya! ¡Ya! ¡Ya!, buscando con el estruendo anonadar al adversario y desbandarle las caballadas. Las carabinas abrieron fuego graneado, repiqueteando en descargas cerradas, que abrían claros en la masa mapuche sin poder contenerla. Con feroz violencia se produjo el choque de líneas, entablándose un terrible cuerpo a cuerpo, donde ninguno aflojaba un metro. Los soldados peleaban a bayonetazos, machetazos y culatazos, tratando denodadamente que el empuje del asalto indio no rompiera los cuadros.
En la derecha, Catriel dividió a sus hombres, haciendo desmontar a 400 y dejando a caballo otros tantos, ordenando luego cargar contra la izquierda de Calfucurá, mandada por Reuquecurá. Los catrieleros avanzaron blandamente, sin convicción, ni espíritu combativo, siendo rechazados sin trabajo. En el reflujo algunos comenzaron a desbandarse, dando grupas al campo de batalla y tratando de alejarse. Desde ya que no era miedo lo que detenía a los catrieleros, sino su repugnancia a pelear contra gente de su raza. 
El momento era peligroso, porque el desbande podía generalizarse volatilizando a la derecha, o incluso provocando una deserción que llevara a los catrieleros al campo de Calfucurá, como éste había prometido. Catriel arengó a su gente tocando una cuerda muy sensible, la del amor propio. Desde muchos años atrás se venía desarrollando en el Desierto una situación de encono y rivalidad creciente entre los indios pampa y los indios chilenos. El flujo cada vez mayor de éstos hacia el este había creado un ambiente de rivalidad, aversión, e incluso odio entre ambos grupos. Catriel se limitó a recordarles que lo que tenían al frente eran indios chilenos. No hermanos de raza, sino intrusos de la pampa. El vibrante verbo del cacique dio resultado. En haz patriótico se cerraron los catrieleros, y enardecidos de bravura, se arrojaron, con Catriel al frente, en una carga formidable sobre Reuquecurá. Toda la derecha se trabó en feroz lucha, a pie y a caballo, puramente desarrollada entre indios, sin un solo huinca.Pronto Reuquecurá tuvo que empezar a ceder terreno.
En la izquierda de las fuerzas nacionales las cosas también empezaron mal. El coronel Boerr mandó al ataque a Coliqueo, pero sus indios repitieron la actitud de los catrieleros, atacando a desgano, de modo que se estrellaron contra las lanzas de Manuel Namuncurá, volvieron grupas y se arracimaron desconcertados en el punto de partida. La situación era crítica pues ya se venía encima la contracarga del enemigo.  Así transcurrió la primera hora de pelea. Los tres sectores combatiendo ferozmente, soportando cargas y contracargas, sin perder cohesión. En la derecha predominaba Catriel sobre Reuquecurá y en la izquierda Namuncurá sobre Juan Carlos Boerr, mientras el centro mantenía paridad, pero sin observarse la posibilidad de un rápido desenlace. 
Aquello podía durar mucho antes de alcanzar una decisión. Así lo comprendió el general Rivas, lo cual, vistas las circunstancias, significaba que la balanza se inclinaba a favor de Calfucurá. En efecto, mientras el combate se prolongara, más allá del horizonte miles de cabezas de ganado robado se alejaba, internándose cada vez más en el Desierto, fuera del alcance de los huincas.  Entonces el general Rivas tuvo el chispazo que le dio el triunfo. Decidió quebrar el centro de Calfucurá y envolverle las alas. Para ello debía reforzar el propio sector central, a costa de restar fuerzas a la derecha y la izquierda. La posibilidad de victoria residía en la rapidez de acción. Ordenó a Ocampo atacar vigorosamente con el 2º de infantería que se adelantó velozmente, abriendo fuego vivísimo. Atrás mandó a la reserva y a los indios de la izquierda. Leyría y Coliqueo se lanzaron en una fulminante carga de caballería que arrancó de ese sector, convergiendo con la que el propio general Rivas en persona, al frente de 300 lanceros de Catriel, desencadenó desde la derecha. 
Caballería de línea
El impacto fue formidable, y vanos los esfuerzos de Calfucurá por detenerlo. De pronto los jinetes de las fuerzas nacionales se encontraron en campo abierto. Había roto la línea calfucurache. Sin perder tiempo, Rivas ordenó envolver las alas enemigas. Por la brecha abierta surgía un torrente de caballería, que desplegándose a derecha e izquierda fue encerrando a los indios, mientras Catriel por un lado y Boerr por el otro presionaban, aferrando a Reuquecurá y Namuncurá.
En pocos minutos los indios, desorientados, confundidos, acosados por todos lados, se desmoralizaron por completo, perdiendo cohesión y disciplina pese a los esfuerzos de los caciques. Rápidamente cundió el desorden y el desbande, buscando cada uno salvarse por su lado. Casi en el lapso de segundos se había logrado la decisión. Rivas era dueño del terreno y Calfucurá, el temible Calfucurá, quedaba derrotado por primera vez en su larga vida.
Enardecidos por el triunfo, los vencedores sableaban y lanceaban a los vencidos. Los indios que pelearan a pie buscaban desesperadamente a sus caballos, siendo fácilmente aniquilados por los atacantes. En medio de un desorden infernal, la carnicería era espantosa. De inmediato Rivas organizó la persecución. Había que golpear duro y proceder rápido para aniquilar a Calfucurá y recuperar el botín sustraído. Tres horas duró el acoso, prolongando la batalla en escaramuzas aisladas, libradas con ferocidad inaudita entre los indios y las fuerzas nacionales
Pero mucho no podía continuar aquello. Bastante hazaña fue que se prolongara tres horas, pues los caballos, cansados desde antes de la batalla, ya estaban totalmente agotados. Los mismos hombres venían soportando falta de sueño y de alimentos de días atrás.
Después Sarmiento se enojó mucho con Rivas porque no siguió la persecución hasta Salinas Grandes. En su escritorio y mirando un mapa demostraba que allí pudo haberse terminado para siempre con todos los indios. Lo único que tenía que hacer Rivas era galopar trescientos kilómetros más pampa adentro, sin comer, ni beber, ni descansar, durante tres o cuatro días más…..
Consecuencias de la batalla
Como primer resultado de la batalla de San Carlos, fueron liberados 30 cautivos y se recuperaron casi 80.000 vacunos, 16.000 caballos e infinidad de ovejas que los indios se llevaban tierra adentro. Eso en lo inmediato. En cuanto al recuento de bajas, es sumamente significativo. Las correspondientes a las fuerzas nacionales fueron insignificantes: entre los blancos 15 muertos y otros tantos heridos, y para los indios aliados 30 muertos y 14 heridos de los lanceros de Catriel y Coliqueo,. En cambio, las bajas calfucuraches fueron impresionantes: 300 indios muertos y 200 heridos. 
Como batalla en sí, como hecho militar, este acto de guerra posee innegable importancia. Primero por el número de efectivos trabados en lucha. Recuerda Alvaro Martínez: “Esta batalla constituye una de las más importantes y encarnizadas que se libraron no sólo en la conquista del Desierto sino en toda la historia argentina. En un país donde se ha peleado tanto no son frecuentes las luchas en las que hubiera intervenido una masa de hombres tan numerosa.
Obsérvese que en las batallas de nuestra historia como en Chacabuco, intervinieron poco más de 5.000 hombres, en Tucumán no se llegó a esa cantidad y en Suipacha fue aún menor”.
Pero donde reside su mayor trascendencia histórica es en el curso posterior de los acontecimientos. San Carlos marca el gozne donde gira la suerte de la posterior conquista del desierto. Un desierto en el que pronto florecería un lirio de sangre india, nieto del bravo Calfucura, el Beato Ceferino Namucurá

Fuentes
  • Portal www.revisionistas.com.ar
  • Best, Félix – Historia de las guerras argentinas – Buenos Aires (1960).
  • Clifton Goldney, Adalberto – El cacique Namuncurá – Buenos Aires (1956).
  • Efemérides – Patricios de Vuelta de Obligado.
  • Garra, Lobodón – A sangre y lanza – Buenos Aires (1969).
  • Martínez, Alvaro M. – Orígenes de San Carlos de Bolívar – Buenos Aires (1967).
  • Prado, Manuel – La guerra al malón – EUDEBA – Buenos Aires (1965).
  • Ramírez Juárez, Evaristo – La estupenda conquista – Buenos Aires (1946).
  • Scenna, Miguel Angel – San Carlos, la última batalla de Calfucurá.
  • Shoo Lastra, Dionisio – El indio de desierto – Buenos Aires (1957).
  • Todo es Historia – Año V, Nº 59, Marzo de 1972.
  • Walther, Juan Carlos – La conquista del Desierto – Buenos Aires (1964).
  • Yunque, Alvaro – Calfucurá. La conquista de las pampas – Buenos Aires (1956)