Seguidores

Seguidores

viernes, 26 de junio de 2015

Invasiones inglesas-El teniente de Húsares

El escuadrón de Húsares de Vivas, se había alineado junto con los Cazadores de la Reina y esperaban la orden de entrar en batalla. Don Lucas Vivas, un criollo de pura cepa, revistó las filas, verificó el correaje y el armamento.  Dirigió luego un vistazo a los hombres, montados en caballos pequeños pero listos… Los fletes piafaban impacientes.  Los húsares, masa heterogénea, reclutada y disciplinada al azar, en esa hora imperiosa de la defensa. De las compañías, una sobresalía.  Era la primera, compuesto de tipos bizarros( 1).  Un teniente joven de dieciocho años la mandaba.
A poca distancia la batalla se había transformado en un violento huracán de fuego. El general Withelocke quemaba los últimos cartuchos. ¡Por nada iba a perder la confianza de la corona! Por el norte y el centro la ciudad ardía.  Orden terminante de conservar la ciudad.  Los ingleses habían concentrado sus elementos y resistían.


El teniente –un adolescente forjado en esa hora heroica-, se alistó de los primeros para defender la ciudad cuando la fuga de Sobremonte.  Ahora, recién ascendido, al frente de sus subordinados, estaba impaciente. Vivas caminó algunas varas, y dirigiéndose a los jefes de compañía, les dio la orden de correrse hasta el río, y despejar… “¡Si es necesario, morir antes que ceder!…”  El teniente levantó su sable y saludó.  El escuadrón empezó a desfilar. Ciento ochenta hombres, tostados por el sol, reclutados en Flores y Barracas, componían el escuadrón.  Todos lucían el uniforme azul con alamares blancos, el plumacho blanco en el morrión, y el mismo color en el cuello y en las bocamangas.  Las monturas eran de lana.  Las bridas hechas de trozos y unidas por argollas.  Estaban armados de carabina, pistolas y sable.
Pero, al poco rato, la voz del jefe resonó enérgica: “Escuadrón pie a tierra”.  La tropa obedeció.  Y en seguida: “Desensillen; las monturas en tierra”.  Los soldados desprendieron las cinchas y los mandiles.  Y luego: “Revisen las bridas”. Los criollitos acariciaron sus parejeros. Los paisanitos les llamaban por sus nombres “Ruso”, “Relámpago”, “Terrible”… Vivían casi en comunidad con ellos.  Algunos relinchaban, otros iniciaban corcoveos.  El peligro del momento los unía.  ¡Parecían estos animales adivinar la gravedad de la situación! En esa hora de fulgurante patriotismo, los cuerpos de caballería se habían formado con casi todo el paisanaje, que aportó sus cabalgaduras.  El gobierno se contentó con uniformarlos.
Mientras tanto el volcán ardía en Santo Domingo.  Dos mujeres que huían, se refirieron a la espantosa carnicería del Bajo.  Sin trepidar, el jefe mandó: “Escuadrón, ensillen”. Y en seguida se dirigieron a la ribera.
La borrasca aumentaba a medida que se acercaban.  El joven teniente buscaba orientarse, montado en su caballo “Tempestad”, animal inteligente y travieso; pero ya a la altura de la calle de San José, divisó clara la refriega.  Uno de los batallones de Patricios había acorralado al enemigo, encerrándolo casi en Santo Domingo.  El coronel Pack se atrincheró en el templo.
El escuadrón marchaba al trote hacia su destino.  Las voces de los combatientes se traducían por explosiones y aullidos.  Momentos después, y puestos en marcha, llegaban al Bajo, donde una fuerza criolla combatía.  Desembocaron por San Francisco.  Las casas de un solo piso abrigaban hombres que combatían de civiles.  Desde las azoteas, las mujeres, con agua caliente, inundaban literalmente al enemigo.  Pero los vivas se convertían en ovación, cuando la proximidad permitía divisar mejor la juventud del teniente.  Adolescente, heroico, cabalgaba bien apuesto hacia la muerte o el misterio, midiendo sus responsabilidades.  ¡Y de emoción el sable le temblaba!
El inglés quería posesionarse de la Plaza, era necesario cortarlo. El escuadrón estaba ya bastante cerca de un batallón enemigo que desembocaba  hacia el río buscando llegar a su objetivo. 
 
Los ingleses los vieron acercarse y con la frialdad que la veteranía formaron en cuadro, pero también desde la fortaleza divisaron al cuadro inglés y un cañón abrió fuego. Pronto debió dejar de disparar pues por la playa ya cargaban los Húsares de Vivas y los Cazadores de la Reina.
 
El jefe calculaba la distancia e interpelando al clarín ordenó el toque de: “¡Atención!”.  Las hileras se estrecharon.  Las carabinas fueron colgadas.  Se desenvainaron los sables.
El inglés se defendía.  Era menester triturarlo.  Por la costa del río, el escuadrón tenía un amplio campo de maniobra y de matanza.  Y cuando iniciaban la maniobra, una descarga cerrada volteó cuatro hombres.  El jefe, entonces ordenó: “¡A la carga!¡A degüello!  Fue una tromba.  Caballos y húsares se confundieron.  El teniente se puso a la cabeza de la carga, de pie sobre los estribos, en una carrera enloquecida.  Sonriente, sereno, agrandado por su propia valentía, el sable extendido, el muchacho era la encarnación de la furia.
Su morrión tomaba formas raras, épicas.  Su pecho, hinchado, clamaba entusiasta.  Las crines de “Tempestad” semejaban olas desparramadas en el mar.  El teniente le acariciaba.  Se lo habían regalado dos años atrás y preparado para todas las maniobras, el animal bailaba…  Había que verlo, antes, cuando la música entonaba una mazurca, marcar el paso, unir las patas, levantarse de la grupa y hacer un saludo, el barrio salía a la puerta para ver pasar a “Tempestad”.  Ahora “Tempestad” volaba.  Parecía aliviado, no tocaba el suelo, tenía alas.  
Apenas tomó contacto con el enemigo, le bajó los dientes a un inglés, agitó su cabeza, como diciendo “¿qué te parece?”. Los molinetes heroicos, los sablazos, las fintas, las luchas cuerpo a cuerpo, los caballos derribados en el entrevero y vueltos a la acción, los mandobles a diestra y siniestra, todo era ensayado por el paisanaje.  Las filas enemigas se abrían… una boca mortal que iba a apretar al escuadrón bravío. Pero los húsares habían perdido la noción del tiempo y de la situación, heridos algunos, apretados otros, a pie o a caballo, entre el dolor, los ayes y las imprecaciones, los insultos y las voces de mando, peleaban contra un enemigo superior.  La horrorosa carnicería dejaba ver las víctimas innumerables.
El teniente arengaba a sus hombres.  Los llamaba.  Reformaba las columnas.  Y se batía que era un contento.  De un sablazo derribó a un infante.  De una coz, “Tempestad” volteó a otro.  Rivalizaba con su dueño.  Estiraba el cuello y en fija, el enemigo al suelo.  Le asestaron dos lanzazos.  ¡El entonces contestó a coces!  El teniente se reía, cantaba versitos y, despreciativamente, volteaba cascos y morriones.  Unos cuantos planazos, una herida de sable leve, un hilo de sangre fueron el lote de “Tempestad”.  Pero éste, expeditivo, a las mil maravillas hacía hueco en la masa.  Separado de sus soldados, un círculo de hierro va estrechando a ambos.  ¿Caerá prisionero? 
Pero el enemigo se vuelve atónito, lleno de asombro, lo que ve a “Tempestad” marcar los tiempos de la mazurca y describir sus movimientos.  Toda la coquetería del macho se ponía de relieve en este animal, que bajo la lluvia de balas se acordaba de la contradanza del barrio.  Sus patas avanzaban, se unían, alzaba la cabeza y saludaba con la grupa.  El teniente ya no le gobernaba, él también miraba su cabalgadura en esta siniestra danza de la muerte...y mientras “Tempestad” seguía con sus giros ante el enemigo que huía, llegaba la noticia de la rendición de Withelocke y desde ese día al 2ºEscuadrón de Húsares Voluntarios Urbanos lo conocieron como los "Bravos de Vivas"
Adaptado de: El teniente de Húsares, Juan Carlos Garay- Revista Caras y Caretas, Nº 921, 27 de Mayo de 1916
Fuente
www.revisionistas.com.ar 
NdR
(1) Bizarro: bravo, corajudo, valiente y, por lo general, apuesto.

lunes, 22 de junio de 2015

Invasiones inglesas- El plan de Doblas

La defensa de la ciudad de Buenos Aires, ante la invasión inglesa de 1807, fue cuidadosamente preparada y culminó en una victoria de tal importancia que allí se verifica el nacimiento de nuestra Patria que se venía gestando desde los tiempos de Hernandarias. El pueblo de Buenos Aires, de acuerdo con lo previsto en las Ordenanzas de Milicias para el Virreinato del Río de la Plata, formó los Cuerpos de Voluntarios Urbanos y cada cuerpo eligió a sus jefes, entre quienes tenían aptitud para ello y según correspondía hacerlo.
Estos cuerpos fueron bien uniformados y recibieron instrucción militar de acuerdo con las ordenanzas del ejército de Su Majestad Católica, no fueron de ninguna manera bandas de milicianos desorganizados, anárquicos y vestidos con harapos. Pero el corto tiempo de que se disponía y el carácter miliciano de los cuerpos no permitieron que se pudiera alcanzar un grado de entrenamiento que les permitiera combatir en campo abierto contra un ejército veterano como el inglés.
Para compensar esa carencia el coronel de Ingenieros don Gonzalo de Doblas, diseñó un plan que preveía realizar la defensa dentro de la ciudad y desgastar al ejército enemigo durante su aproximación mediante ataques sorpresivos de la abundante caballería disponible y negándole todo aprovisionamiento retirando todo la hacienda hacia lugares seguros.
El Comandante de Armas, don Santiago de Liniers, consideró que no se debía hacer sufrir a la ciudad las crueldades de la guerra y salió a esperar al inglés al campo. Fue derrotado.
Así se volvió al bien pensado plan del Cnl. Doblas que, si bien no pudo ponerse totalmente en práctica permitió organizar una defensa sólida a punto tal que condujo a una completa victoria de nuestras armas sobre una de las principales potencias militares de la época.
La foto ilustra al Cnl. Doblas con el uniforme de ingenieros dirigiendo los trabajos de fortificación junto a un oficial del Real Cuerpo de Artillería y a dos jefes de los Cuerpos de Voluntarios, detrás se ven dos soldados de las compañías del Cuerpo de Castas asignadas a la artillería construyendo un parapeto con tercios de yerba.
El plan pudo aplicarse con éxito debido a que la derrota de Liniers no fue más que una dispersión de la división empeñada en el combate y las otras dos divisiones, que no intervinieron y que ya se estaban preparando para otra reconquista, pudieron regresar intactas a la ciudad. Por otra parte la resistencia ofrecida hizo que llegara la noche y los ingleses no se atrevieron a continuar su marcha desaprovechando la oportunidad de tomar la ciudad indefensa.
A continuación transcribo los párrafos más significativos de este minucioso plan que ilustran sobre los perímetros defensivos, la construcción de cantones y parapetos y la distribución de las tropas.
El Plan preveía una primera línea de puestos avanzados, una segunda línea donde tendría lugar una resistencia para desgastar las columnas y una tercera línea bien fortificada donde se estrellaría el ataque. Los ingleses no lograron superar la segunda línea.

Doblas inicia la descripción diciendo: “Con esta idea he formado el bosquejo que acompaño, comprensivo de la parte principal de esta ciudad, señalando en él, las iglesias, y plazas para que se distinga mejor la extensión que me parece conveniente fortificar.”
La imagen muestra a los Miñones que, desplegados en los puestos avanzados y emboscados en las casas, tiroteaban a las columnas que marchaban hacia el río.
Doblas propone, como segunda línea, fortificar el rectángulo de las manzanas del centro pero, posteriormente lo cambia a un triángulo isósceles sobre el lado que mira al río que conserva el mismo lugar y extensión que el del cuadrilongo, como línea principal de defensa propuso cerrar con parapetos y artillar las bocacalles de la Plaza y ocupar las terrazas de todos los edificios que la circundaban.
Al triángulo lo describió así: “Las líneas que forman los costados en él, deben inclinarse igualmente al centro de la línea que mira de frente a la campaña; y como dichos lados han de seguir sus líneas por la dirección que tienen las calles, no pueden ellas ser rectas; y van formando escalones; lo que proporciona la ventaja de poder flanquear el fuego, ejecutándolo en todos los puntos exteriores.”
“Las boca calles, contiguas a la parte exterior de las fajas, deben cerrarse a su tiempo colocando en ellas parados unos sacos de cuero llenos de tierra construidos en forma cilíndrica de la hechura de los que comúnmente se emplean en sacar harinas. Estos sacos debieran ser del diámetro a que alcancen los cueros, y de la altura de 6,5 a 7 pies, (pie español=28 cm) formando con ellos los parapetos a manera de barricadas, pero será conveniente que dicho parapeto, se componga a dos filas de sacos colocándolos unos en la unión de los otros.“ En la práctica no hubo tiempo de preparar suficientes sacos de cuero rellenos con tierra y se utilizaron los llamados “tercios de yerba”, que eran bolsas de cuero crudo rellenas de yerba. El cuero, al secarse  al sol, se contraía y la yerba, así prensada, quedaba completamente solidificada.
Inmediatamente Doblas ilustra sobre la táctica a emplear por las tropas para la defensa de dichos parapetos: “La ventaja que ofrecen dichos parapetos, es que cerrando las boca calles de las cuadras exteriores á las fajas que forman la estrada o camino cubierto, queda este despojado y en disposición de apostarse la tropa que se quiera destinar a su defensa, con la comodidad de no poder ofenderle por parle alguna, y de hacer fuego sin descubrir el pecho, cargando su arma a cubierto, sin otra evolución ni maniobra, que la de formarse en hileras al abrigo de las casas, marchar por secciones de 10 a 12 hombres en la misma formación dando el frente al parapeto, y hacer su descarga; y volviendo a la formación de hilera, marchar a cubrirse con las casas de la manzana opuesta, colocándose de forma que den paso a la división que debe seguirlos, y á cargar sin detención. Todas las secciones deben hacer lo mismo, y en pasando la última, repetirá la primera, y sucesivamente las demás, la misma maniobra continuándola de un lado a otro entretanto que puedan o sea necesario.”
Las imágenes siguientes ilustran la táctica descripta precedentemente.



Doblas agrega: “Además de la ventaja referida, ofrecen otras muchas los expresados parapetos; como son la presteza con que pueden ser colocados los sacos, y cuando sea preciso su uso, sin necesidad de impedir el tránsito de las calles con anticipación: la comodidad de poderlos mudar de una bocacalle a otra de las contiguas: la facilidad de reponer los sacos que derribase la artillería enemiga, levantando los mismos, o poniendo otros que deben tenerse prontos para reemplazar los que destruyen.  La mayor seguridad en la puntería afirmando los fusiles sobre los parapetos. La simplicidad de las evoluciones, cosa tan necesaria en esta clase de tropas, y la de poder abrir troneras derribando algunos sacos para jugar la artillería transportando los cañones que se quiera de los apostados en las calles o derribándolos todos si se juzgase conveniente.”
En la imagen puede verse un obús servido por los Artilleros de la Unión y sostenido por una sección de Cántabros, que abre fuego sobre el 5to Regimiento de Infantería inglés, una de cuyas columnas avanzó por la actual calle Tucumán.

“No es necesario ponderar el estrago que pueden recibir nuestros contrarios, teniendo que avanzar por las calles formados en columna o desfilando por las veredas; en la dicha formación, pueden ser ofendidos de frente por el fuego continuo de la fusilería y aun del cañón del parapeto; y por los costados, desde las azoteas, balcones y ventanas, en que pueden disponerse de pronto parapetos de tipas de tierra, mesas, cajas, etc., teniendo repuestos de granadas de varios calibres, y de otras armas arrojadizas que aumenten el estrago de la fusilería y cañones.”
Es sabido que los ingleses nunca se han detenido a contemplar razones humanitarias si estas no están en concordancia con sus intereses comerciales y la declaración de Whitelocke sobre su negativa a bombardear la ciudad, argumentando tales razones, queda completamente desmentida por el análisis que hace Doblas.
“Otros recelan un bombardeo o cañoneo ejecutado desde las quintas o por el río. En el primer caso, no es imposible su verificación; pero si muy difícil y de poco efecto; porque supongamos que traen para dicha operación mil bombas con sus correspondientes morteros, pólvora y municiones. En este supuesto necesitan emplear, de 5 a 6 mil hombres para su conducción, desde el paraje del desembarco al de las baterías, en cuyo tránsito podrán experimentar muchas pérdidas y demoras, si nuestra tropa de campaña cumple con sus deberes. Las mil bombas arrojadas a la plaza, es probable que solo aprovecharían 300; porque los edificios, ocupan a lo más la cuarta parte del terreno en que están situados, aun en lo principal de la ciudad; con que por la regla de las casualidades, seria desgracia que cayeran en ellos las 300 que supongo; perdiéndose las restantes en los huecos, calles, patios y corrales de las casas. El cañoneo causaría poco efecto; porque de cualquiera paraje que lo intentaran, había de ser por elevación, porque no hay alturas donde colocar la artillería dominando la ciudad, con que si ponen la puntería horizontal, emplearán los tiros en las primeras casas o tapias que se presentarán delante, solo enfilando sus tiros por la dirección de las calles podrían con seguir algún efecto; pero entonces, seria correspondida vigorosamente por la nuestra; y si aun se pretendiese evitar estos daños, se podrían excusar, haciendo nuestros soldados algunas salidas, amparados de las casas y cercos, abriendo portillos por su interior, hasta conseguir el tomarles o clavarles la artillería y morteros, cuya operación bien ejecutada no sería muy costosa. El bombardeo y cañoneo por la parte del río, es menos temible, porque el banco de la ciudad, es una barrera inexpugnable que impide a las embarcaciones grandes, acercarse, y si se resuelven á entrar al fondeadero, no pueden hacerlo sino aquellas do mediano y pequeño buque; y no las bombarderas porque no hay agua para ellas y como la barranca es elevada, recibirá esta, y no los edificios todos los tiros de cañón que las embarcaciones dirijan á la ciudad por la horizontal; con que para que las balas causasen algún daño a los edificios interiores era menester que las dirigieran por elevación y entonces es muy poco el que pueden causar; y se exponían a que nuestra artillería del muelle y la demás de la misma clase, (que debe prepararse y estar pronta con sus avantrenes y hornillos portátiles, para conducirla con bueyes donde convenga) incendie con bala roja todas sus embarcaciones como deben ejecutarlo; sin detenerse en formar parapetos ni trincheras, persuadidos de que estos reparos solo sirven con utilidad, para libertarse delas descargas de mosquetería o metralla y de los asaltos de la tropa; de cuyos riesgos, están libres en aquel paraje entre tanto no tengan otros enemigos con quien combatir que los de las embarcaciones. “
Doblas también previó que los ingleses atacaran o pudieran llegar al río y para ello propuso que estuviera dispuesta la caballería para cargar a las columnas que marcharan por la playa debajo de la barranca, para tal caso : -“…se deberá dar la señal para que la caballería los cargue intrépidamente con arma blanca, hasta consumar la victoria, cuya voz, se procurará propagar desde el principio de la acción, para vigorizar a todas nuestras tropas, aun cuando todavía se halle indecisa.” En una futura presentación espero poder modelar con figuras estos combates a la orilla del río.
Fuentes:
Revista de Buenos Aires Tomo XXVI año 1868
Mapas de la EUDE 

miércoles, 17 de junio de 2015

33º Aniversario del combate de Monte Longdon


Este Blog está dedicado a recordar acontecimientos que pocos recuerdan, y en este caso se trata del aniversario del combate de Monte Longdon que ha sido conmemorado "en la intimidad" del Regimiento  de Infantería Mecanizada Nº7.
Gracias a las gestiones del amigazo Marcelo Molina y al señor Federico Moreno Terreno, Presidente del CMLP Club Modelismo La Plata, tengo la oportunidad de publicar algunas fotos y el texto que adjunto sobre la conmemoración realizada.
"Estas son algunas fotos de la presencia del CMLP en el homenaje a los caídos en el 33 Aniversario del Combate de Monte Longdon, bautismo de fuego del RIMec 7, en dicha oportunidad se homenajeo a los caídos a traves de la oratoria del Jefe de Regimiento  del RIMec 7, el Sr. Intendente de Ensenada y de la lectura de un relato del combate y que fuera representado por personal militar. 
Hubo explosiones, disparos de armas con munición de salva, bengalas y morteros, todo ello en una noche cerrada, estrellada y fria, dieron un marco emocional muy importante. Desfile de las distintas compañías, de la banda, de antorchas y veteranos de la Guerra de Malvinas cerrando el desfile."
Guardia de honor en el cenotafio de los caídos
 Vistas del Cenotafio



Vista de la reunión realizada en el RIMec7
 Vistas de la maqueta del combate realizada por modelistas 
del CMLP -Club Modelismo La Plata- con figuras en 28mm  


Comitiva del CMLP que concurriera a la conmemoración, integrada por: 
Federico M. Moreno Terrero, Presidente - Javier Lach, Secretario- Manuel Luna Gonzalez, Bibliotecario - Adrian Bonomi, Vocal - Fernando Varela, Revisor de Cuentas.


Relato del combate
Durante las horas de luz del día 11 de junio se observan numerosos y constantes desplazamientos de helicópteros en la zona de Monte Kent, fuera del alcance de las armas de la posición. Al caer la noche, se intensifica el fuego enemigo sobre la posición, el que alcanza su mayor magnitud a partir de las 20:30 horas. Se cortan los tendidos telefónicos, y las distintas fracciones quedan comunicadas sólo por radio. El radar se apaga, pues, aparentemente, el enemigo que bate su posición ha detectado su ubicación. Personal de comunicaciones, bajo el fuego, intenta restablecer las comunicaciones alámbricas, lo que se logra parcialmente.
A las 21:30 horas el Subteniente Baldini, Jefe de la 1ra Sección, informa que el enemigo ha logrado alcanzar las proximidades de sus posiciones y se halla empeñado en combate a distancias cortas, aprestandose a ejecutar un contraataque sobre su flanco derecho. Inmediatamente se pierde comunicación con el. La 1ra Sección, empeñada en combate cuerpo a cuerpo con el enemigo, debe ceder la cresta de la altura. Deja varios heridos y muertos en el sector, y ocasiona bajas al enemigo. El combate se hace en extremo difícil para los efectivos propios, dada la carencia de visores nocturnos para utilizarlos con las armas automáticas y portátiles. Esto dificulta la efectividad de los fuegos. No obstante el ímpetu del ataque enemigo, este parece haber sido bloqueado, pero la situación se mantiene aún incierta. La artillería propia bate intermitentemente la retaguardia enemiga, aunque no pueden evaluarse sus efectos.
El Subteniente Baldini, que multiplica sus esfuerzos alentando a sus hombres, decide desalojar a las fuerzas enemigas de la altura. Para llevar a cabo esta acción, reúne un pequeño grupo de soldados de su sección e infantes de marina, y con ello se lanza al ataque. Iniciada la lucha el citado oficial se pone al frente de su fracción seguido a corta distancia por el Cabo Primero Ríos. Ambos son abatidos por ráfagas de ametralladoras, lo que hace que el resto del personal se vea obligado a mantenerse a cubierto, respondiendo el fuego enemigo.
Sobre la medianoche, el jefe del subsector ordena la Teniente Quiroga, Jefe de la 1ra Sección de la Compañía de Ingenieros 10, lanzar un contraataque sobre el sector de la 1ra Sección para recuperar sus posiciones y/o posibilitar el repliegue ordenado de sus efectivos. El Jefe de Sección, bajo intenso fuego y en medio de una situación confusa, reorganiza su personal y se lanza al ataque. El desplazamiento es penoso. Tal característica está motivada por las irregularidades del terreno, por la necesidad de avanzar ascendiendo la altura, y por la intensa acción del enemigo, el que, valido de sus medios de detección y observación nocturnos parece estar alentado sobre el movimiento. La fracción entra en combate con el enemigo a muy corta distancia, los cuales comienzan a replegarse. Finalmente, y próximo a alcanzar el objetivo, el ataque debe detenerse, pues los infantes ingleses comienzan a presionar sobre los flancos. Se generalizan intensos combates cuerpo a cuerpo, que producen bajas en ambos bandos. No obstante todo esto, la Sección logra bloquear el avance inglés y estabilizar la situación en el sector.
Desde la 23:00 horas, la 2da y 3ra Sección son presionadas intensamente por el enemigo desde el oeste, suroeste y noroeste. La situación se mantiene estable.
El Jefe de Subsector, que ya ha lanzado su única reserva, solicita al Jefe del R I 7, el refuerzo de sus efectivos para intentar otro contraataque sobre las fuerzas inglesas que han sido bloqueadas. El 12 de junio a las 02:00 horas arriba a su Puesto Comando el Jefe de la 1ra Sección C/RI 7, Teniente Castañeda, quien ha avanzado desde el Subsector Plata 1, hostigado por fuego enemigo. Inmediatamente es puesto en situación y se le ordena ejecutar un contraataque en dirección noroeste. Por medio de esta acción se busca envolver a los efectivos que enfrenta la Sección de Ingenieros y lo que queda de la 1ra Sección /B/RI 7.
En ese momento los Jefes de la 2da y 3ra Sección Sargento Primero González y Teniente Primero Neirotti, son heridos. El mando de sus fracciones quedan bajo las ordenes de los Suboficiales más antiguos. En ambos sectores se combaten con intensidad en cada posición.
La 1ra Sección/C/RI 7 del Teniente Castañeda avanza con dificultad, pero alcanza a las 03:00 horas la línea de contacto de las tropas en primera línea. Allí choca con importantes efectivos ingleses en avance, los que aparentemente intentan desbordar por el norte a la Sección de Ingenieros para cercarla. Se inician combates cuerpo a cuerpo y el enemigo se ve obligado a replegarse. Inmediatamente, un intenso fuego de morteros bate la zona de la Sección y obliga a los hombres a refugiarse en cualquier cubierta existente en el terreno. El enemigo reinicia el ataque su ataque con nuevos efectivos y el combate se generaliza nuevamente.
Soldados del 2 Para británicos listo para la acción
A las 05:00 horas la situación de la Compañía B/RI 7 es la siguiente:
El enemigo ataca desde el norte, noroeste, oeste y suroeste con efectivos a preciados en 5 a 6 Compañías, con masivo apoyo de fuego de artillería y morteros.
Si bien la posición resiste, ha sido penetrada en varios puntos, pese a la sostenida oposición de sus defensores. No existen efectivos propios para contraatacar, pues todas las fracciones se encuentran aferradas. Los niveles de existencia de munición en la posición son críticos. Parte del personal ha agotado su dotación, por lo que se impone un urgente abastecimiento.
Los apoyos de artillería propios, si bien han logrado neutralizar por momentos el ataque inglés, no han podido aliviar la presión general sobre las posiciones.
Se han producido numerosas bajas especialmente entre el personal de cuadros.
A las 06:30 horas , el Comandante de la Agrupación Puerto Argentino ordena:

  • Ejecutar el repliegue de la Compañía B/RI 7 hacia el sector de Wireless Ridge, según los planes previstos. En ese lugar deberá reorganizarse para estar en condiciones de entrar en combate a orden.
  • Apoyar el repliegue de la Compañía con el Grupo de Artillería Aerotransportado 4, batiendo las principales avenidas de aproximación del enemigo, desde el oeste y noroeste.
  • Ejecutar concentraciones masivas de artillería sobre la altura, una vez que la B/RI 7 la haya abandonado.
A las 06:45 horas, comienzan a desprenderse los efectivos de la B/RI 7. Ya por entonces, algunas posiciones han sido cercadas. Se combate retardantemente hasta que se alcanzan, aproximadamente a las 08:00 horas el subsector Plata 1.
Solamente 90 hombres de los 300 que habían participado en los combates descriptos alcanzan la nueva posición. El resto ha quedado herido, muerto o cercado. Dada la situación anímica y física en que se halla la tropa, después de soportar tantas tensiones y sacrificios, el Jefe del RI 7 considera necesario ordenar la marcha de los efectivos hacia Puerto Argentino, para su mayor reorganización y recuperación.
La Compañía B reforzada ha combatido intensamente durante 12 horas a distancias próximas en medio de la oscuridad. Su posición ha sido saturada desde el 8 de junio por fuegos terrestres, navales y aéreos, sin tener en cuenta otros bombardeos anteriores a esa fecha. También resultó atacada desde distintas direcciones, luchando contra un adversario para el cual la noche fue su mejor aliada.
Fuentes:
El Malvinense, Datos de batallas y horas extraídas de las webs de "Bichos Verdes" (http://www.bichosverdes.org/) y del Ejército Argentino.

martes, 19 de mayo de 2015

Vivandiere

El amigazo y destacado modelista Leandro Bernardis ha tenido la amabilidad de enviarme estas fotos de su ultima realización: una Vivandiere junto con una detallada explicación para el deleite de los amigos aficionados.

Se trata de una figura de 28mm de una “Vivandière” (o Cantinière) del Ejercito francés promediando el periodo napoleónico. Esta excelente miniatura es de la novedosa y excelente marca Westfalia Miniatures.
Aunque la función real de estas mujeres era la de servir (vender) pequeñas raciones de vino a las tropas –de ahí el otro nombre de Cantineras- el termino proviene de los llamados Vivandiers, soldados que en Antiguo Régimen contaban con la autorización, y privilegio legal de ser los únicos proveedores dentro de un regimiento de elementos varios que iban desde comida y bebida hasta el papel de escribir y la tinta. 
Estos soldados con permiso del Coronel al mando podían casarse, y obviamente sus esposas pasaban a ser las “vivandieres”. Durante las guerras napoleónicas, no se limitaban a vender insumos varios a las tropas sino que constituían un elemento clave en la moral del regimiento, porque que no solo servían en las cantinas, sino que acompañaban a las tropas al frente, sirviendo bebidas y comidas bajo el fuego, atendiendo o consolando a los heridos y en muchos casos recargando los mosquetes o hasta peleando en la línea junto a los hombres.

Por ese entonces, en contra de las suposiciones, las vivandières no vestían uniformes, pero es posible que llevaran piezas militares. La aguerrida figura en cuestión lleva un sombrero civil sujeto mediante un pañuelo, dolman de la caballería ligera con los colores del 7eme d’Hussards , mochila de infante francés, una muy maltratada falda en desteñidas bandas tricolores,  un pequeño barril de vino del que cuelga un vaso de latón, ademas de cartuchera y mosquete.

sábado, 16 de mayo de 2015

TALVISOTA

La Guerra de Invierno, en finés Talvisota, tuvo lugar cuando la Unión Soviética atacó a Finlandia el 30 de noviembre de 1939, tres meses después del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
Stalin esperaba conquistar el país entero para finales del año, pero la resistencia finlandesa frustró a las fuerzas soviéticas, quienes superaban en número a los finlandeses tres a uno. Finlandia aguantó hasta marzo de 1940, cuando se firmó un tratado de paz cediendo cerca del 10% del territorio finlandés el 20% de su capacidad industrial a la Unión Soviética.
El desarrollo y el resultado de la guerra fueron complejos. Aunque las fuerzas soviéticas pudieron finalmente superar la defensa finlandesa, ni la Unión Soviética ni Finlandia salieron ilesas del conflicto. Las pérdidas soviéticas en el frente fueron tremendas, y la posición internacional de la URSS sufrió mucho. Es más, la destreza combativa del Ejército Rojo fue puesta en duda, y las fuerzas soviéticas no cumplieron su objetivo primario de conquistar Finlandia, sólo lograron una secesión de los territorios de Petsamo, Salla y la mayor parte de Karelia y, en cambio, los finlandeses retuvieron su soberanía. Puede decirse sin temor a exagerar que fue un desastre militar para la Unión Soviética.
La película Talvisota me ha gustado mucho, fue estrenada en 1989, fue rodada en Finlandia, y apenas tuvo repercusión en el extranjero. Tanto su director Pekka Parika, como el reparto Taneli Makela, Vesa Vieriko, Timo Torikka, y otros, no son conocidos fuera de su país, pero debe decirse que tanto la dirección como la interpretación son muy buenas.
La ambientación está muy bien lograda, con el uso de material histórico: tanques, aviones, uniformes, armas son todas de la época, y tanto los soldados rusos como los finlandeses están perfectamente caracterizados, y eso para los aficionados es una virtud fundamental en un film de guerra.
Las escenas de combates no son de lo mejor que se ha visto en cuanto a despliegue de medios y efectos especiales, pero no están nada mal, y aunque son un tanto repetitivas en su planteamiento y ejecución,  las secuencias están muy bien rodadas y son de resolución muy realista.
Evidentemente no tiene nada que ver con las películas norteamericanas vistosas y realizadas con muchos recursos pero toscas y burdamente propagandísticas. Este es un film de guerra seriamente realizado, histórico de principio a fin.   
Sin embargo debe señalarse que el director no escatima imágenes duras, hay muertes súbitas cuando nadie se lo espera, muchas de ellas, bastante desagradables.
Ojo, la película es larguísima, algo más de tres horas pero en definitiva, se trata de una muy interesante película sobre un teatro de operaciones olvidado, seguramente porque los vencedores de la guerra resultaron los vencidos en esta campaña que junto con la "Guerra de Continuación" cubrió de gloria a Finlandia.

 
¡Qué la disfruten!

jueves, 14 de mayo de 2015

Krupp 42cm M-Gerät L/12 Dicke Bertha

El modelo del Dicke Bertha finalmente ha llegado a casa, se le han hecho algunas pequeñas modificaciones y sobre todo se le ha incorporado la correspondiente dotación de servidores. Para eso tuve que buscar fotos del Gran Berta a fin de analizar un poco la vestimenta de los sirvientes y dado que no contaba con ninguna figura de Primera Guerra que pudiera servir, acudí a los artilleros rusos de Crimea manufacturados por la firma Wargames Foundry en 28 mm, que tan útiles han resultado para diferentes usos.
En la foto de arriba se pueden ver algunos artilleros alemanes con un atuendo compatible con las figuras disponibles.
Acá van algunas fotos del modelo con su dotación de artilleros.