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domingo, 11 de marzo de 2018

11 de marzo de 1644 batalla de Mbororé



En los orígenes de la Patria está la Compañía de Jesús. Instalados en Córdoba desde 1599 y el Noreste de la Gobernación del río de la Plata y del Paraguay, con sus Universidades y Reducciones los jesuitas forjaron los primeros rasgos de nuestra identidad, su presencia además protegió a los nativos guaraníes de las pretensiones portuguesas e impidieron que se apoderaran del resto de Sudamérica en el siglo XVI y XVII.
Antecedentes
Hacia 1629 los portugueses no contaban con suficiente mano de obra esclava para sus gigantescas plantaciones de Brasil de modo que buscaron esclavizar a los indios que habitaban hacia el interior de las costas. Los nativos súbditos del Rey Católico estaban protegidos por las leyes que la Sierva de Dios, Isabel I de Castilla impartió a Colón y por las posteriores Leyes de Indias.
En el siglo XVII, luego de una feroz guerra independentista y religiosa contra España, las Provincias Unidas como se llamaba entonces Holanda, tuvo un importante auge comercial y su flota comenzó a singlar los mares en todas direcciones. Mediante la piratería llegó a controlar el Atlántico Sur complicando las operaciones comerciales no solo de Portugal sino también de Inglaterra y sobre todo España. Llegaron a afectar tanto el comercio de esclavos, que las haciendas portuguesas en Brasil, por ejemplo, se quedaron sin trabajadores.
Pronto los portugueses se dieron cuenta que los guaraníes tutelados por los jesuitas, se habían transformado en trabajadores agropecuarios bien adiestrados de modo que su valor se duplicó. Un esclavo negro era bueno trabajando por su resistencia física, pero demandaba tiempo adaptarlo a las técnicas de laboreo en las haciendas. Por el contrario, los guaraníes gracias a los jesuitas, eran mano de obra capacitada y además, excelentes artesanos y por tanto un lucrativo negocio esclavizarlos.
Las Bandeiras Paulistas
El jesuita Ruiz de Montoya fue recibido por el rey Felipe IV y de inmediato lo informó de la gravedad de los ataques que estaban siendo objeto las Misiones por parte de las Bandeiras Paulistas.
El 21 de mayo de 1640 el monarca firmó una Real Cédula por la que transfería al Virrey del Perú el poder para armar a los guaraníes y condenando el tráfico de seres humanos. Si bien la ordenanza real llegaría cinco años más tarde a Lima, los jesuitas no esperaron todo ese tiempo sino que tomaron la iniciativa. En 1639 habían conseguido de Buenos Aires y de la Real Audiencia de Charcas las autorizaciones para que los aborígenes portaran armas de fuego. El gobernador de Buenos Aires, Pedro de Rojas y Acevedo envió varios instructores y armas y el papa Urbano VIII dispuso que los bandeirantes católicos fueran excomulgados. Como era de esperarse, los portugueses reaccionaron con más furia que nunca y casi matan a los jesuitas que se encontraban en San Pablo.
Los preparativos
En septiembre de 1640 partió la nueva bandeira. Se sumaron a esta expedición -que no solo venía ya a saquear y esclavizar sino a cobrar venganza y apropiarse de territorios- varios nobles portugueses e hijos de acaudalados entre quienes se encontraban Antonio de Cunha Gago, Juan Leite y Pedro Nunes Dias. 
Unos 400 portugueses europeos ingresaron a las filas bien equipados y armados con espadas, petos o armaduras parciales y armas de fuego. Como siempre, se sumaron los renegados Tupíes y mestizos, ademas de negros esclavos. Todo este ejército de unos 3500 efectivos comenzó a singlar por el río Uruguay en unas 700 canoas. Notificados los jesuitas del avance enemigo se ordenó concentrar el ejército guaraní de unos 4200 efectivos. El armamento tradicional indígena que consistía en arcos y flechas, puñales, macanas y hondas fue reforzado con 300 arcabuces y piezas de artillería algunas de las cuales fueron enviadas desde Buenos Aires. Las fuerzas incluían caballería armada con lanzas, que fue empleada principalmente de apoyo a la infantería y la artillería. El reglamento desarrollado por los jesuitas durante el siglo XVII para las defensas de los pueblos exigía que todos los indios adultos tuvieran entrenamiento y los niños empezaran a practicar a los siete años una vez al mes con hondas, arcos y lanzas. Los jóvenes debían ser diestros en el uso de machetes o espadones anchos. También toda localidad debía tener su propia reserva de pólvora, hondas y piedras, arcos y 7.000 flechas con puntas de hierro, 200 caballos para uso militar, 60 lanzas, 60 desjarretaderas (cuchilla de metal en forma de media luz sujeta a un palo) y una maestranza donde fabricar pólvora. Pronto incorporaron instrumentos como atabales, trompetas o cornetas, entre otros. Los indios llamaban guyrapá al arco, jhu'y a las flechas, mimbucú a la lanza y tacapé a la macana. El ejército estaba bien organizado su estado mayor consistía de un Director Técnico de guerra, el ex militar hermano jesuita Domingo Torres, español. Ayudantes del Director Técnico de Guerra los ex militares hermanos jesuitas Juan Cárdenas, paraguayo, y Antonio Bernal, portugués. Jefes de Ataque, el Capitán General, Gran Cacique o Mburubichaba Ignacio Abiarú, nativo de la región del arroyo Acaraguá, y el meritorio Consejero Cacique o Mburubichaba Capitán Nicolás Ñeenguirú, natural de la región del Ibitiracuá o de la Concepción, hoy Concepción de la Sierra. Supervisor de Guerra, Padre jesuita Pedro Romero, castellano. Asistentes del Supervisor de Guerra, Padres jesuitas Claudio Ruyer, francés, superior de la Misión (se retiró enfermo a San Nicolás); Cristóbal  Altamirano, santafesino; Pedro Mola y José Domenech, aragoneses, y José Oregio, flamenco.
Caballería guaraní formada
Para la defensa se organizó una numerosa flota de balsas "acorazadas" con troncos para resistir las piedras y flechas que arrojaban los tupíes proporcionando algún tipo de "blindaje" contra los disparos de arcabuces. 
Para mantener a los indios disciplinados, los padres Antonio Cárdenas, Antonio Bernal y Domingo Torres, ex militares, comenzaron a ejercitar a los guaraníes en marchas y maniobras militares además de técnicas de combate. Simultáneamente, los padres Pedro Mola, Cristóbal de Altamirano, Juan de Porras, José Domenech, Miguel Gómez, Domingo de Salazar, Antonio de Alarcón, Pedro Sardoni y Domingo Suárez se dedicaron al apoyo logístico y la construcción de las balsas. La base de operaciones fue situada en la misión Asunción de Acaraguá cerca del arroyo Mbororé.
1- Lugar conocido como la "Vuelta de Mbororé". Fue el sitio al que se atrajo a los bandeirantes para obligarlos a combatir en el río y forzarlos a desembarcar donde los esperaba la infantería. La zona era conocida como las chacras de Mbororé pues allí los pobladores de San Javier tenían sus campos de cultivo y ganados. Era el único lugar de la costa en toda la zona donde no había barrancas y era posible un desembarco, además por sus particularidades topográficas era el lugar más adecuado para contener un campamento de cerca de 4.000 soldados durante casi un año, con toda la logística necesaria.
2- Asentamiento provisorio de la reducción de Nuestra Señora del Acaraguá luego de que se abandonara la ubicación fundacional, en la margen derecha del arroyo homónimo, ante el peligro de la avanzada bandeirante. Tanto esta reducción como la de San Javier fueron claves en toda la logística necesaria para sustentar a las tropas guaraníticas acantonadas en la zona durante casi un año. En el lugar queda únicamente, como un hito recordatorio de la épica batalla, la "Capilla de Mbororé".
3- Asentamiento de la reducción de San Francisco Javier.
Familia de guaraníes capturada por bandeirantes
El reproche
“¿Con qué derecho, siendo cristianos, olvidados de vuestra salvación, venís a conquistar lo ajeno? ¿Acaso no habéis bebido bastante sangre de inocentes? ¿No habéis dejado suficiente número de huérfanos y viudas? Si estas cosas no os conmueven, pensad en que lucharéis con quienes os han puesto en fuga, y prefieren morir a llevar las cadenas de la esclavitud; sois traidores, no solamente a los neófitos, mas bien al Rey y a Dios; nosotros pelearemos en defensa de nuestras casas, hijos y mujeres, y de religiosos que nos han enseñado, hasta que caigamos muertos; además nos defenderá la Compañía de Jesús.” Palabras dirigidas por el Capitán Ignacio Abiarú a los bandeirantes, en Mbororé. 
Mapa de la campaña
Escaramuzas previas a la batalla
Los jesuitas habían organizado un rudimentario servicio de inteligencia con observadores adelantados y espías infiltrados en territorio paulista. Así pudieron hallar a dos guaraníes que habían escapado quienes informaron en detalle la cantidad de tropas y calidad del armamento que traían los paulistas.
El 25 de febrero el P. Altamirano envió río arriba 8 canoas en misión de exploración. En un recodo de un río, se toparon con mas de 300 embarcaciones bandeirantes. Los guaraníes sostuvieron una breve escaramuza con la fuerza invasora pero calculadamente escaparon siendo perseguidos por las canoas tupíes. Los perseguidores cayeron en una trampa, pues los condujeron a la línea defensiva guaraní. En la refriega que siguió los tupíes hubieran sido exterminados a no ser porque comenzó una furiosa tormenta con truenos y relámpagos que obligó a detener las operaciones.
Con la llegada de la noche, acelerada por el mal tiempo, los paulistas intentaron atacar de sorpresa la posición jesuita de Acaraguá. En la oscuridad, 250 guaraníes en 30 canoas sostuvieron con valor el ataque a la luz de los relámpagos, contra una fuerza superior compuesta por mas de 100 embarcaciones. El P.Altamirano juzgó prudente retirarse ante la magnitud de las fuerzas invasoras para no perder a todos sus efectivos, pero antes, ordenó destruir todos los cultivos y víveres para no dejar nada a los atacantes. Esta decisión fue acertada ya que el hambre condujo a los atacantes hacia el terreno que los jesuitas y caciques generales habían elegido para presentar combate.
La batalla
Cuando los Bandeirantes llegaron a Mbororé se encontraron con las fuerzas guaraníes en línea de batalla y con la novedad que habían fortificado las orillas. Hasta las mujeres colaboraban acarreando todo lo que se necesitaba para mantener a los hombres en buenas condiciones.
Durante dos días los invasores tantearon la situación mientras decidían que hacer. Los jesuitas entre tanto, acumularon más refuerzos y confesaron a todos los que iban a pelear.  
El 11 de marzo de 1641 la bandeira abandonó Acaraguá y avanzó río abajo con unas 300  embarcaciones. A las dos de la tarde, 60 canoas al mando del cacique general Ignacio Abiarú tomaron la iniciativa pasando al ataque enarbolando el estandarte de San Francisco Javier. Luego de una breve arenga, Abiarú condujo a los suyos directo al medio de la formación enemiga comenzando la batalla que duraría casi una semana. 
Al frente de la singular flotilla fluvial, guiaba la acción una balsa donde iba montado un pequeño cañón que, al hacer fuego, comenzó a hacer estragos en las filas tupíes. La noche alivió el combate que hasta el momento, resultaba desfavorable a la Bandeira. Catorce canoas y algunas balsas fueron capturadas y se tomaron muchos prisioneros.
Al día siguiente, 12 de marzo, los jesuitas pensaron llevar el combate a tierra firme pero los paulistas no aceptaron batallar lejos del río y por fuera de sus fortificaciones. En eso que parlamentaban jesuitas y caciques los pasos a seguir, llega un mensajero de los bandeirantes tratando de negociar la paz pero no le fue aceptada la oferta. De inmediato sitiaron el campamento bandeirante por tierra y desde el río sospechando que fuerza invasora estaba maltrecha y que buscaban artimañas para reorganizarse. Desde el 12 hasta el 16 de marzo, el campamento enemigo fue bombardeado sin cesar.
Comprendieron los bandeirantes que ya la suerte en la batalla les sería adversa y decidieron parlamentar. Tenían muchos heridos y además, nada de víveres. Pidieron un nuevo tiempo para negociar la paz pero era tanto el daño que habían hecho, que los indios no querían saber nada con rendición. Los querían exterminar para siempre y alejarlos definitivamente de las tierras labradas. El 16 salen de la fortificación y procuran forzar el bloqueo navegando río arriba. Pero de inmediato son acosados por los guaraníes con tanta determinación que comenzó una masacre. Los invasores alcanzaron a llegar a la desembocadura del río Tabay solo para encontrarse que los estaban esperando 2000 guaraníes formados en línea listos para la pelea. Solicitaron clemencia otra vez pero los caciques guaraníes se negaron a proporcionarla y los jesuitas no hicieron mucho para interceder. Finalmente arremetieron los bandeirantes contra la banda oriental del río Uruguay buscando la salvación pero fue un esfuerzo inútil. Los estaban aguardando y sufrieron constantes ataques que los diezmaron. Perdido el orden marcial, la bandeira se fue disgregando en pequeños grupos que fueron cazados sin piedad. La persecución de los guaraníes fue implacable. Los tupíes eran muertos sin miramiento alguno y los portugueses asesinados así se rindieran. Durante meses, luego de la batalla, partidas de guaraníes peinaron prolijamente la zona hasta no dejar a ningún bandeirante en actitud de pelea.
Fuente: Artículo de Alberto E. Gianola Otamendi- Boletin del Centro Naval Nº844
Consecuencias de la batalla
La batalla fue terrible, de los 3000 paulistas que iniciaron el ataque, solo un puñado de tupíes regreso a San Pablo junto a 120 portugueses y mamelucos. Hubo un intento posterior por socorrer a los derrotadoS pero el padre Altamirano junto con las tropas guaraníes de Abiarú los interceptaron y derrotan a finales de 1641. Con esto, cesaron por muchísimo tiempo, las temibles bandeiras. En los territorios portugueses de Brasil, ahora sabían que los jesuitas no solo eran capaces de cultivar tierras sino trabar tan fuerte amistad mediante el vínculo religioso, que los guaraníes se habían constituido en un ejército regular que había que respetar.
Mboroé se convirtió así en el primero de los fastos navales de la República Argentina.
Fuentes:
-Historia de la Compañía de Jesús-P. Nicolás del Techo
-Artículo de Esteban Snihur
-Artículo de Fernando Javier Liebanes
-Aportes de Jorge Cardoso
-www.lagazeta.com.ar

4 comentarios:

  1. Un très bel article, une situation que je connais peu mais très intéressante...Salutations lointaines!

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  2. Merci beaucoup Phil, je suis surpris que vous avez connu, même si peu, la bataille de Mborore, puisque c'est un événement presque inconnu dans notre pays, sauf dans la province de Misiones où il a eu lieu. Un gros câlin de l'extrême sud.

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    1. Je parlais de la situation générale, je ne connaissais effectivement pas cette bataille...Comme tant d'autres! Salutations.

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    2. De toute évidence, vous êtes une personne très studieuse de l'histoire militaire et le fait de connaître la «situation générale» de ces événements si loin de l'Europe, le prouve. Cordial salutation

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