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miércoles, 12 de septiembre de 2012

El sitio de Viena y la batalla de Kahlenberg

Hoy, aunque Europa ha dado la espalda al Cristianismo, y sufre la mas fría indiferencia espiritual preocupada solo por su bienestar material amenazado por el capitalismo que construyó y difundió, tal vez pueda ayudar el recordar los tiempos heroicos cuando el avance Otomano la amenazaba con someterla bajo las garras del Islam.

El 12 de septiembre de 1683, una coalición de reyes y príncipes de naciones cristianas: Juan III Sobieski (o Jan III Sobieski), el rey de Polonia que lideraba la coalición; el margrave Luis Guillermo de Baden-Baden, llamado Türkenlouis (Luis el Turco); el duque Carlos V de Lorena y otros muchos príncipes, generales y ministros alemanes, polacos y austriacos, junto con voluntarios italianos, acudieron a la defensa de Viena, Capital del Sacro Imperio Romano Germánico que gobernaba Leopoldo I. 


El número de las tropas cristianas apenas alcanzaba la mitad de los efectivos turcos y casi no contaban con artillería tal vez por eso, el alto mando turco no consideró a las tropas de socorro, compuestas por polacos y tropas de todo el Imperio como una amenaza, y no ordenó a sus tropas situarse en formación de batalla. Esto le costaría la cabeza al general otomano pocos días después. 
Aprovechando esta situación la caballería aliada, encabezada por los Húsares Alados Polacos, lanzó una carga arrolladora sobre las tropas turcas.


La carga fue violentísima y breve y en su mayor parte, se desarrolló en el campamento otomano y en las trincheras. Los otomanos a pesar de su resistencia desesperada no pudieron detener la carga de los cristianos. 
El ataque de la caballería, especialmente de los Húsares Alados, fue tan potente que después de 30 minutos, la victoria ya estaba definida.

Figura de Húsar Alado
Los famosos Húsares Alados, artífices de la victoria, se organizaban en unidades (choragiew) de 200 o 300 jinetes y  cargaban en formación cerrada a gran velocidad para dificultar el blanco a los mosqueteros enemigos. Sus lanzas (kopiaskk) eran más largas que las picas de la infantería, y aunque se rompían al impactar, los húsares lograban dispersar formaciones de piqueros, cosa imposible para otros cuerpos de caballería. Realizaban cargas devastadoras contra sus enemigos, pero, a pesar de ser un cuerpo de caballería pesada, era muy flexibles maniobrando. Los Húsares Alados están considerados como la mejor caballería pesada en la historia del mundo.
Luego del ataque de la caballería aliada, la batalla duró unas pocas horas al cabo de las cuales los turcos sufrieron unas 20.000 bajas, huyendo una parte considerable de ellos. 
Viena no cayó bajo el poder otomano. Sobieski después de la batalla envió una carta al papa Inocencio XI que parafraseaba la conocida exclamación de Julio Cesar: vini, vidi vinci , cambiándola por: vinimos, vimos y Dios venció.
Rey de Polonia  Juan  Sobieski
Fuentes y referencias:
  1.  Battles That Changed History: An Encyclopedia of World Conflict. ABC-CLIO. 2010. p. 215. ISBN 15988442969781598844290.
  2. Encyclopedia Britannica. «John III Sobieski». Consultado el 25 November 2011.
  3. Davies, Norman, God's Playground, a History of Poland: The origins to 1795, (Columbia University Press, 1982), 487.

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